N.V./G.C.
La entrada principal del palacio oficial de La Mareta está custodiada por agentes de la Guardia Civil y por un par de periodistas. La expectación es mínima en esta finca en la que están Zapatero y su familia.
Sin embargo, la monotonía se rompe cuando aparecen "espontáneos" que quieren "charlar" con ZP. Eso es lo que sucedió ayer en dos ocasiones. La primera en intentar entrar "hasta en la cocina" de La Mareta fue una turista peninsular. Quería comentarle un "asunto personal" al presidente. Los asesores del jefe del Ejecutivo le dijeron que tomaban nota de su petición.
Pasadas las cinco y media de la tarde se dirigió a los guardias Agustín Paniagua Álvarez, un vecino de Arrecife que solicitó sin éxito permiso para acceder a la Mareta para "felicitarle y algo más". "Es que yo tengo mucho de qué hablar con él, aunque no lo parezca, porque conozco muy bien los problemas de esta isla. Nací en Extremadura, en Plasencia, pero llevo muchos años viviendo en Lanzarote y sé lo que hace falta", dijo. "A lo mejor le mando una carta", señaló.