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N. VAQUERO/G. CABRERA
El presidente del Gobierno no quiere fotografías familiares de su estancia en Lanzarote. Ésta es la consigna que lanzan los agentes de la Guardia Civil que custodian la residencia oficial de La Mareta, el lugar elegido de nuevo por José Luis Rodríguez Zapatero y su esposa, Sonsoles Espinosa, para pasar el mes de agosto. La pareja, junto a sus dos hijas, Laura y Alba, abandonó ayer a las once y media de la mañana el palacio para celebrar frente a las playas de Papagayo el cumpleaños del cabeza de familia. Era la primera vez que salían todos juntos de la finca, a la que llegaron el pasado domingo.
Zapatero, que cumplió 49 años, comenzó el día con una carrera por los alrededores de Teguise. El ejercicio físico forma parte del ritual diario de este hombre que puede disfrutar en la Isla de otra de sus aficiones: la pesca. Al regreso a La Mareta, José Luis Rodríguez Zapatero se encontró con algunos de los regalos que ya le habían enviado por su aniversario, como el ramo de flores que recibió de parte de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. La Fundación César Manrique también obsequió al jefe del Ejecutivo central con un presente.
No era la primera vez que Sonsoles Espinosa acudía a Puerto Calero, desde donde sale habitualmente en lanchas del Instituto Armado para practicar el buceo, uno de sus deportes favoritos. "Ella viene hasta aquí para salir a bucear", confirmaron empresarios de este enclave deportivo de Yaiza. El regreso a La Mareta nunca se hace por este espacio. La familia Zapatero prefirió ayer regresar a Costa Teguise desde el puerto deportivo de Marina Rubicón, en Playa Blanca. Fue aquí donde los miembros de seguridad del presidente dejaron bien claro a los periodistas que no iban a permitir sacar instantáneas de la familia.
La consigna es velar por la intimidad de las dos hijas de Zapatero, de las que no existen fotografías públicas por orden expresa de sus padres. "Mientras estén las chicas, no habrá fotos", recalcaron los servicios de seguridad de Moncloa, al tiempo que pedían comprensión a los periodistas para poder cumplir con su trabajo de protección.
Zapatero, Sonsoles Espinosa, Laura y Alba estaban de vuelta en La Mareta antes de las dos de la tarde. Horas después comenzaron a llegar a la finca oficial miembros del séquito de más de cien personas que acompañan al mandatario español. La mayor parte de ellos están alojados en los hoteles cercanos a la residencia que el rey de Jordania regaló en 1991 a Don Juan Carlos. Muchos acudieron a la fiesta privada de cumpleaños que se organizó con regalos de tiendas de perfumerías de la zona.
Las hijas de Zapatero salieron entonces a dar una vuelta acompañadas por personal de seguridad, comentaban allegados al entorno presidencial. Su visita a cualquier lugar de la Isla habrá pasado desapercibida. ZP está logrando lo que se marcó en 2004 al tomar posesión de su cargo de presidente: que sus hijas no sean conocidas.
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