Huele a piche recién extendido y que casi parece romper a hervir al sol de la tarde en Lanzarote. Por el aire vaga un aroma a embutido y se oye de fondo el tintineo de las copas y las botellas de refresco. Es, en efecto, una inauguración, en este caso de las nuevas instalaciones del cuartel de la Guardia Civil en Puerto del Carmen (Tías, Lanzarote). "¡Firmes!", grita de pronto uno de los mandos. Se apaga el murmullo. La treintena de agentes aprieta barriga y mira al frente durante varios minutos. Entra entonces en escena un hombre de apariencia tímida, que se frota las manos y busca no se sabe muy bien qué con la mirada antes de cada gesto. Ha llegado Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior.
El mar era ayer un plato entre Lanzarote y Fuerteventura, uno de esos días en que pescadores y mariscadores guiñan el ojo, miran hacia Isla de Lobos y preparan los aparejos si no ven espuma blanca en sus costas. Tras inaugurar, apenas cuatro horas antes, el acuartelamiento de Corralejo, Rubalcaba se embarcó en una patrullera de la Guardia Civil con rumbo a Puerto del Carmen. Un viaje plácido, muy distinto comparado con el que se encuentran en ocasiones las pateras, algunas de las cuales no pueden ser detectadas en estas condiciones. Contra esto, reconoció el ministro, nada puede hacerse: "Tenemos uno de los sistemas más avanzados del mundo, pero la tecnología tiene sus límites". Ahora, explicó, los esfuerzos se centran en ampliar el alcance del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior). "Hay rutas que tratan de entrar por partes que no tenemos controladas y nos obligan a instalaciones adicionales", comentó.
En los corrillos tras el corte de la cinta, en el cóctel, varios agentes y políticos preguntan por el partido entre España y Lituania de baloncesto. El asfalto, pisoteado, ha perdido brillo.