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ANTONIO CABRERA / PUERTO DEL ROSARIO Lágrimas silenciosas e incertidumbre infinita. Los familiares de los soldados canarios en Afganistán continúan sufriendo la preocupación y angustia de tener a sus parientes en un país en guerra. La información que les llega es escasa e incompleta. El Ministerio de Defensa impide a los militares narrar los detalles de su estancia en Herat, Kabul o Qala-i Nau cuando se comunican con sus familias. El calvario continúa galopando.
Esta preocupación se ha acrecentado en los últimos días tras conocer que la ONU renueva por un año el mandato de tropas en aquel país asiático. Una resolución que fue aprobada tan solo dos días después de la muerte del cabo canario Cristo Ancor Cabello. También tienen aterradas a estas familias las declaraciones del secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, que anunció el incremento de efectivos militares españoles en Afganistán. "Todo esto es una tortura para nosotros, que tenemos hijos en el Ejército. Y más cruel es que te enteres poco después de la muerte de un soldado de los nuestros", criticó S. R. , hermana de un militar destinado en aquel país.
El retorno de las tropas españolas también mantiene en vilo a estas familias. Afirman que sus hijos les comunican que aterrizarán en el aeropuerto de Fuerteventura el próximo día 3 de noviembre, después el 9 y, por último, el 16. "Es un sufrimiento permanente, un auténtico tormento que ni siquiera sepas ya con exactitud cuándo regresan. No entiendo por qué no son transparentes y nos confirman cuándo los tendremos aquí, de donde nunca debieron partir a una guerra, "afirma con cierta rabia", S.C. , pariente de uno de los soldados.
La mayor parte de los testimonios piden mantener el anonimato; "si nos identificamos podemos perjudicar a nuestros hijos, maridos o hermanos. Enseguida les llaman la atención y los amenazan con arrestarlos o aplicarles el reglamento militar. Bastante tienen ya de estar en una guerra, de permanecer en tensión las 24 horas del día, para que encima los castiguen", denunció a este periódico J. S, cuyo yerno está destinado en Afganistán.
Además, agrega que "por eso debemos ser muy prudentes, aunque nadie nos puede suavizar el sufrimiento permanente que vivimos. Si ellos pudieran hablar libremente y contar lo que están viviendo allá.... pero eso no es posible". Y como método de consuelo las familias continúan tachando en los almanaques los días que faltan de su lado sus seres queridos.
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