RAÚL GIL - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Ante una abarrotada iglesia redonda, en Las Chumberas, y ante la familia del cabo del Ejército de Tierra fallecido hace una semana en un atentado en Afganistán, Cristo Ancor Cabello Santana, el párroco del barrio dedicó al homenajeado un emocionado recuerdo y no dejó escapar la ocasión para incidir en la precariedad de medios con la que se manejan los militares españoles en misiones de riesgo como la que le costó la vida al soldado grancanario. "Ojalá España no tenga como enemigo a la falta de medios", dijo el párroco, Fermín Romero.
La iglesia redonda se quedó pequeña ayer para las más de 400 personas que acudieron al último oficio por Cristo Ancor. Ayer fue el turno de la familia, de los vecinos, de los conocidos. No hubo más representación oficial que la de la concejala de distrito, Inmaculada Medina, que no quiso hacer ostentación de su cargo.
Poco antes de que comenzara el funeral, la familia de Cristo Ancor salió de la sacristía, donde aguardaba el momento, y ocupó sus sitios en primera fila. Concepción Santana, en la que muchos ven ya una madre coraje, encabezaba la comitiva de la mano de la compañera de su hijo y madre de su nieto, Angelina. Junto a ellas, también de la mano, las tías y la abuela de Cristo Ancor. La entereza se reflejaba en sus rostros y aunque Angelina llevaba la amargura estampada en la cara, aguantó el trago durante la ceremonia.
El funeral fue oficiado por el ya citado Fermín Romero junto al párroco castrense, Santiago Esteban. Pese a la presencia del religioso castrense a su lado, Romero recordó la falta de medios de los soldados españoles y la comparó con la muerte de Abel a manos de su hermano Caín, como una muerte premeditada. "Es como si damos un coche a una persona que va borracha: hay más posibilidades de que se mate", aseguró el párroco; "respetar la vida significa también no atentar contra la de los otros".
Romero también recordó ayer a los presentes que el cabo era un chico valiente que sabía lo que hacía. "Cristo Ancor no era un inconsciente, sabía a dónde iba y ya tenía experiencia de misiones anteriores, tenía vocación de donación y sacrificio y por eso dio su vida", afirmó. El sacerdote refirió también durante la homilía la fe del cabo fallecido por la religión cristiana y cómo se llevó hasta Afganistán una concha que le habían traído desde Santiago de Compostela para que le bautizaran, como así fue.
Tras la homilía y durante la comunión se vivieron momentos emocionantes cuando, a los sones del himno fúnebre militar La muerte no es el final -que cantaron varios soldados de paisano desvelando su identidad- muchos se acercaron a dar el pésame a la familia provocando las primeras lágrimas de Angelina.
Al salir de la iglesia sólo Concepción, Conchi, volvió a aguantar con entereza los recuerdos de dolor que la atenazaban con cada pésame que recibió.