LOURDES S. VILLACASTÍN / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
El 92 % de los niños subsaharianos que se jugaron la vida en patera en 2006, cuando se produjo la mayor oleada de inmigración hacia Canarias, lo hizo con el apoyo económico y aliento de las propias familias, tanto en origen como en destino. ésta es una de las principales conclusiones que se desprenden del estudio que ha realizado la ONG Fundación Nuevo Sol sobre La migración internacional de Menores extranjeros no acompañados subsaharianos hacia las Islas Canarias: Perfil y Expectativas, que ayer se presentó en Casa África.
El estudio, en el que se recogen las opiniones y realidades de 500 de los 928 menores que ese año llegaron a la costa canaria y que fueron enviados a otras comunidades autónomas para ser atendidos, pone de manifiesto que el proyecto migratorio no es una "aventura individual", sino "familiar", y que el objetivo es conseguir un trabajo para ayudar económicamente a la familia.
Durante la presentación del estudio, la directora general de Protección del Menor del Gobierno de Canarias, Carmen Steinert, señaló que el Ejecutivo apuesta por el "reagrupamiento familiar" siempre que la "integridad" del menor no peligre. Y explicó que uno de los mayores escollos para conseguirlo es que los "consulados" de los países identifiquen a los menores como nacionales.
Carlos Molina, director de la Fundación Nuevo Sol, por su parte, dijo que para frenar la emigración hay que insistir en fomentar políticas educativas para que no abandonen la escuela y crear políticas laborales para los adultos para que no se "apoyen" en los jóvenes para el "sostenimiento familiar".