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HEMEROTECA » |
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FRANCISCO POMARES La culpa la tiene el latín de cura de Antonio Castro, pero la bronca venía pareja al aguacero, que se mascullaba del día antes, y además se podía cortar -con o sin katana- en la humedad bochornosa del ambiente. Quizá porque apuntaba gresca nadie se extrañó por el retraso en el inicio del pleno en el que había de discutirse la modificación de la Ley de Ordenación del Turismo. Ni por el larguísimo receso nada más comenzar. Quería el presidente Castro evitar que el enfado de los socialistas por la coladera de las enmiendas sobre las 'casitas' de La Palma, las oficinas de farmacia y los Rent-a-car, pasara a mayores. Pero la cosa acabó peor: "¿No quieres caldo? ¡Pues toma tres tazas!"
La primera taza, la decisión del PSOE, nada más acabar la reunión de los Portavoces el día antes, de llevar a los tribunales la decisión de admitir las enmiendas. Y la segunda taza, la estaba llenando de caldo espeso en ese preciso momento Julio Cruz, diputado gomero y número dos del grupo socialista, muy solemnemente serio, subido en la Constitución, en el principio de Seguridad Jurídica y en la Declaración Universal de Derechos Humanos para anunciar un recurso ante el Constitucional, "manifestación que expreso a nivel individual como diputado, como cuestión procedimental para poder hacer valer nuestros derechos..." Patidifusa la concurrencia no por el anuncio esperado de don Julio, sino por tener que escuchar declaratoria similar de los restantes 23 socialistas presentes, se acordó un formato fuenteovejuno, todos a uno, y se sumaron sus señorías del PSOE a la fórmula de la denuncia.
Tocaba, pues, entrar en el debate de la ley y las enmiendas malditas, introducidas al corso salvaje en el último minuto, y hablaron por orden sus señorías, primero don Fernando Figueroa, conocido por ser capaz de encontrar niños desaparecidos que no se han perdido, y sin embargo no encontró ningún motivo en las enmiendas para frenar el debate. Y luego doña Belén Allende, Juana de Arco herreña, que ayer estuvo aún más cantarina y potente de lo que suele. Y por último Santiago Pérez, que se dio a explicar que el acuerdo de la Mesa para admitir a trámite las enmiendas sarracenas es ilegal, y que más ilegal aún es vulnerar el artículo 28 del reglamento sobre el "efectos suspensivo inmediato" a aplicar a las enmiendas impugnadas, que la Mesa pasose por salva sea la parte, "cayendo en imprudencia constitucional", novedosa figura. Se quejó también don Santiago de la inexistencia de informe jurídico para avalar la decisión de la Mesa, y acusó al Gobierno de haber actuado con mala fe en las negociaciones y devaneos del día antes. Y concluyó calificándose a sí mismo de "jurista provinciano", preocupado por la importancia de los aspectos formales que Gobierno y grupos que lo apoyan maltratan con desafuero y osadía.
No estaba prevista la intervención del Gobierno en el trámite, pero no pudo el profesor Ruano contener su deseo de remedar a su penene favorito, don Santiago, al que acusó de marrullero para evitar el consenso y de liar las cosas. No contento con citarlo tres veces por sus plebeyos apellidos -Ruano gusta referirse a don Santiago como 'Sr. Pérez García'- lo llamó con sarcasmo "látigo del Gobierno" y de las enmiendas malditas dijo con pudoroso candor que lo que pretenden es regular una actividad "que en este momento se desarrolla fuera de la legalidad".
Replicó don Santiago con similares lindezas: "no sé si habla usted como letrado del Parlamento en excedencia, como miembro del Gobierno o como psicólogo ocasional", dijo, y le apuró a dejarse de "juegos de palabras, psicologismos amateur" y a dejar de hacer "como los gatitos, dándole a la pelotita", porque "estamos hablando entre personas adultas", quien lo diría. Y tras acabar el socialista, quiso Castro retomar la votación, y en llegando a las enmiendas dichosas, a saber: disposición adicional segunda-bis, segunda-ter, segunda-cuater y segunda-quinquies, no fue muy vivo don Antonio en sus recuerdos de monaguillo y el 'quinquies' lo pronunció "quinquis", y se animó la gallera: sobre todo porque don Santiago bromeó raudo con la posibilidad de apoyar "la 'enmienda quinquis', porque el PP acaba de aprobar su código ético y todo lo que sea desplazar quinquis va a estar bien". Entró a degüello la diputada Australia Navarro -bromas a mí- a pedir turno por alusiones: "el PSOE nos ha llamado quinquis y los quinquis son ellos", bramó, y ni las disculpas de Pérez García lo arreglaron. Se interrumpían unas a otras sus señorías, y tuvo que ponerse serio el presidente: "les conmino al silencio, les conmino", y conminados callaron.
Pidió entonces el PSOE votar aparte las enmiendas con latinajo, y esa fue el último tazón de caldo, que de nuevo sirvió Julio Cruz, en nombre de los tres socialistas gomeros, amparándose en la opción de "vetar el voto" a los asuntos considerados lesivos para la isla, que lo de las 4000 camas de las casitas palmeras pudiera serlo. Y se puso quinqui perdido el portavoz Cabrera Pérez-Camacho, y tan airado que convocó el mismo pleno para el sábado 26, con lo que "su veto", le decía a Cruz, "sólo va a servir para pagar mas dietas en momentos de crisis", a lo que Belén Allende pidió que todos renunciaran a las dietas, para dar ejemplo. Y mientras se crean las oportunas comisiones para estudiar la propuesta de no pagar dietas, Antonio Castro quiso dejar palmariamente claro que la fecha de los plenos la decide la Mesa y no Pérez-Camacho. Aunque tras acabar la feria decidiera lo mismo: pleno el 26?
Y usted, amable lector, dirá que el debate iba de turismo y aquí, de eso, ni flowers. Cierto es. Pero pongo por testigo al Lute de que ayer, en la Cámara, de turismo nada se dijo. Ni una modesta frase.
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