D. E. TORRES - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.
La llegada de inmigrantes irregulares se ha reducido a niveles de hace más de una década. La cifra de 43 personas que han entrado este año a Canarias a bordo de pateras es sólo comparable con las que se registraban en los primeros años del fenómeno, y desde luego mucho más baja que la alcanzada a mediados de la década, cuando se convirtió en un desvelo para los gobiernos regional y nacional. Comparada la cifra con los llegados entre enero y septiembre del pasado año, con 1.884 personas, el descenso es de un 97 %; comparada con 2006, annus horribilis del fenómeno con 31.678 inmigrantes interceptados, es del 99,86 %.
La embarcación localizada en la madrugada de ayer en Playa Bastián, en Costa Teguise, con 12 personas a bordo, seis de ellas menores, es la octava que arriba a las Islas en lo que va de año -seis lo han hecho a las costas de Lanzarote, una a Fuerteventura y otra más a Gran Canaria-. El denominador común de todas ellas es que son pateras. Es decir, parten desde las costas del Marruecos; los cayucos, procedentes de países del África subsahariana con mayor capacidad y también más resistentes, han desaparecido de nuestras aguas. Una y otra son la causa de que todas las embarcaciones localizadas lo fueran en las tres islas de la provincia de Las Palmas.
El coordinador de los equipos de rescate de Cruz Roja en la provincia oriental, Manuel Sánchez, subrayó ayer que los testimonios que obtienen de los inmigrantes es que, pese al descenso evidente, existe aún una bolsa importante de personas que quieren dar el salto.
Las razones para que no acaben tomando la decisión, en las que inciden desde la Delegación del Gobierno, habría que buscarlas tanto en el éxito de las deportaciones, en las dificultades para la regularización o en el eco de la crisis y el problema del empleo, como en el funcionamiento del Frontex (Agencia Europea para la gestión de la cooperación en las fronteras de los estados miembros de la Unión Europea) o en los convenios que ha venido firmando Madrid con los gobiernos de los estados emisores.
Otra de las diferencias con respecto a otros años es el escaso número de pasajeros que llegan a bordo de las mismas, otro denominador común con las que se interceptaban a mediados de los años 90 del pasado siglo. Así, por ejemplo, la que llegó a Gran Canaria transportaba cuatro inmigrantes y la de Fuerteventura a tres. Con todo, los expertos avisan que la cifra de 2010 aumentará algo en lo que resta de septiembre y octubre, meses que se consideran tradicionales en la llegada de esta embarcaciones debido al buen estado del mar.