La policía aérea de Canarias

LA PROVINCIA/DLP descubre por primera vez las entrañas y la vida cotidiana de la Base Aérea de Gando, una espectacular infraestructura encargada de la vigilancia y el salvamento en el espacio aéreo de las Islas

 09:27  
Zona próxima al Barracón de Alerta. i YAIZA SOCORRO
Zona próxima al Barracón de Alerta. i YAIZA SOCORRO 
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ANIBAL RAMÍREZ Nuestra misión es la de ser la policía aérea de todos los canarios y por eso tenemos estas infraestructuras para que nos permitan además ser autosuficientes en caso de falta de suministros o un apagón eléctrico", resume el jefe de la Base Aérea de Gando y el Ala 46, coronel Jorge Pellegero, la función de la instalación ubicada en la costa este de Gran Canaria. En sus más de 11 kilómetros de perímetro, Gando acoge cuatro unidades diferentes, con cuatro misiones distintas pero complementarias y coordinadas entre sí, lo que la convierte en una de las puntas de lanza de la defensa española.

El Ala 46 es la encargada de gestionar la base y de tener a punto los medios para la defensa aérea del Archipiélago, los espectaculares EF-18, uno de los mejores aviones de combate. Luego, está el oculto Grupo de Alerta y Control, que conforma con sus radares y medios técnicos "los ojos y oídos" del sistema de vigilancia de los cielos isleños y da la alarma para la salida inmediata de los cazas. El 802 Escuadrón, conocido popularmente como el SAR, con dos Fokker y cuatro helicópteros Super Puma. Por último, la Escuadrilla de Control Aéreo, dedicada a a prestar servicios de navegación aérea de aviones militares.

El Escuadrón 462, ubicado en uno de los edificios centrales de Gando, da cobijo a los pilotos de caza. ¡Qué chulo eres en el suelo!, luce una pancarta en su salón de actos, donde todos los días se les ofrece a los aviadores servicio de meteorología y la información necesaria para el plan de vuelo. Cuatro pilotos, que han vuelto de su adiestramiento en el aire, monitorizan en una pantalla tácticas y guerra electrónica. En las misiones diarias simulan combates aéreos para interceptarse en la que juegan factores como la velocidad, altura o la munición. "Como entrenes, combatirás", resalta el comandante piloto y jefe de la Secretaría General de la Base Aérea de Gando, Miguel Ángel Nievas, sobre la intensidad que requiere esta profesión.

Una hora de adiestramiento aéreo equivale a ocho horas talando árboles es una de las comparaciones más usadas. La presión a la que se enfrentan los pilotos de caza en vuelo hace que pesen diez veces más con el consiguiente riesgo de desvanecimiento, conocido como G-lot, y posible muerte. Un corredor de formula uno, como Fernando Alonso, en plena carrera sólo alcanza tres veces su peso. En la sala de pilotos se encuentra todo el equipamiento para salir a volar. Los aviadores se colocan el pantalón anti G sobre el mono de faena, una especie de zahones con una manguera para en vuelo ser inflados y evitar una ligera euforia, que las uñas se pongan azules, ver en blanco y negro y desmayarse. El casco, con su toma de oxígeno, es el otro complemento imprescindible para volar con máxima seguridad por los cielos canarios a una altura de 38.000 pies y a una velocidad de hasta 1,8, mach, lo que equivale a casi 2.500 kilómetros por hora.

En los últimos años, el Ala 46 no ha tenido ninguna alarma grave, a excepción del secuestro de un avión mauritano que aterrizó en Gando, pero que por evidentes motivos de seguridad fue escoltado por EF-18 ante la posibilidad que pudiera desviarse hacia otro destino. A pesar de esta falta de incidencias, la base aérea grancanaria cuenta con pilotos experimentados. "Tenemos varios pilotos que han entrado en combate al principio de la guerra de los Balcanes y otros que han estado en Afganistán" , apunta Nievas, que ha intervenido en cuatro misiones en Kosovo en las que finalmente no tuvo que hacer fuego.

El hangar de mantenimiento es el centro de operaciones del denominado Grupo Material, donde trabajan más de 220 efectivos. Se organiza en las secciones de averías e inspecciones. "Cada 100 horas de vuelo se le hace la revisión básica y a las 300 horas la revisión fuerte", detalla el comandante Miguel Ángel Marazuela. La especialización de su personal va de combustibles, oxígeno, radar, sistemas medioambientales o software, entre otros. "Lo más corriente es una luz apagada, lo que no supone problema porque todos los instrumentos están doblados o cuadruplicados por seguridad, pero se le subsana".

Además, está repartido por distintas instalaciones de Gando el denominado Grupo de Apoyo, compuesto por más de 400 personas, que aporta lo necesario para que la base y sus unidades funcionen como una máquina bien engrasada: la seguridad de las instalaciones, el mantenimiento de infraestructuras como bancos de prueba de motor, potabilizadoras de agua o depuradoras, la extinción de incendios y el rescate de tripulaciones en el mar, entre otros servicios.

Barracón de alerta

Junto a la pista de vuelo, se ubican una decena de búnkeres antibombas para refugio de aviones y para evitar su corrosión por la marisma y el sol, un auténtico cáncer que afecta a la instalación de defensa aérea de Canarias. Los enormes búnkeres de color tierra para camuflarse con el entorno recrean un halo de misterio a esta zona en la que en su acceso se encuentran bandas metálicas para eliminar cualquier piedra de los neumáticos de los vehículos. "Si entra una piedra en el motor, se rompe", señala el jefe de la Secretaría General de la Base Aérea de Gando. Un avión como los EF-18 Hornet, que se encuentran en la instalación, está valorado en 41 millones de dólares.

En la zona final, se encuentra el Barracón de Alerta, equipado para la guardia de un piloto y dos mecánicos. A cada uno de sus lados, dos cazas preparados de forma inmediata para acudir a una misión de combate. El avión estrella de Gando destaca por su polivalencia ya que cuenta con un cañón automático de seis cañones rotativos que está situado en el morro y tiene capacidad para 578 proyectiles. Con las nuevas modernizaciones instaladas en los EF-18 Hornet puede optar además por llevar hasta misiles aire-aire y bombas GBU, diseñadas para perforar búnkeres u objetivos reforzados. El avión se enciende. Los reactores cogen potencia y en menos de un kilómetro está en el aire a 1.225 km/hora.

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