ELENA G. MONTERO
Está cayendo el sol y el ambiente en el Parque aflora. Los estudiantes limpian y decoran sus chiringuitos, donde venden perritos, rellenan los botes de mostaza y ketchup y los vecinos pasean a sus mascotas y golisnean por aquí y por allí. Miembros de la Policía Local y Nacional pasean comprobando que todo esté en orden mientras otros aguardan a corrillo en alguna esquina. Algunas mascaritas cogían sitio antes de que acabase la Gala de la Reina para tomarse el primer chupito. Era el arranque de la primera gran noche de juerga carnavalera a la espera del primer mogollón, esta noche.
"Con estas luces vamos a llamar la atención de todo el mundo", asegura a carcajadas Beatriz Hernández dentro de un bochinche iluminado en rojo. Es el siete, lo bautizaron como Design Comic porque las 22 personas que se encargarán de él estudian Ingeniería Técnica de Diseño Industrial y pretenden pagar la orla y -por pedir que no quede- la fiesta de después.
Acorde con los tiempos, la mayoría de jóvenes han optado por promocionarse a través de las redes sociales. "Además del Facebook y Twitter pusimos carteles en la Facultad. Pero lo que más nos va a ayudar es la organización a la que pertenecemos, Designeggs, a través de la que hacemos asaderos y quedadas" comenta María Orihuela, también del siete. Pero también conocen viejos trucos para hacer amigos. En El Cangrejito se las han apañado muy bien. "Vamos a hacer juegos para nuestros clientes" matizaba Saúl Lugo Garrido, estudiante de tercero de Ciencias del Mar. "También tenemos chupitos de gelatina, que no se suelen ver mucho", añadía Esther Granel García.
Fiesteros madrugadores
Con el paso de los minutos se iba animando la cosa en la trasera del escenario. Poco a poco, tanto los bochinches Zipi y Zape como los demás iban abriéndose, esperando a los primeros fiesteros. Al otro lado del Parque el ambiente se caldeaba, comenzaba a alargarse la cola para entrar a las gradas del escenario y la policía se hacía notar ya por todas partes, alguno se jartaba a poner multas a los coches mal aparcados. Algunos tuvieron suerte de llegar a tiempo, otros vieron su coche partir con la grúa.
Tanta gente había a las 19.45 horas que había quien se acercaba a ver si había pasado algo. "¿Qué pasó aquí?", decía atónita una paisana, "¡la gala, señora, que este año los asientos son sin numerar! Y aquí estamos desde hace una hora para verlo mejor que nadie", le contestaban.
Al otro lado de las vallas la música iba y venía, las pruebas se sucedían una y otra vez buscando la perfección.