ELENA G. MONTERO
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Descontento generalizado. Los empresarios del parque Santa Catalina ven un negro futuro si finalmente el Ayuntamiento decide trasladar los chiringuitos y los mogollones a otra zona de la capital grancanaria el próximo año. Mientras el consistorio y los vecinos de Simón Bolívar tratan de llegar a un "acuerdo conciliador para ambas partes", tal como manifestó ayer la concejala de Cultura, María Isabel García Bolta, los dueños y empleados de bares y restaurantes cruzan los dedos para que la decisión final sea mantener todo el Carnaval en el parque.
La mayoría de comerciantes coinciden en poner de manifiesto los perjuicios económicos que les causó la reducción de días del festival Womad, ya que en una sola jornada no pudieron recaudar los beneficios de los cuatro días de otros años. Al revés económico del Womad se añadiría ahora la disminución de personas en el parque si se trasladan los chiringuitos.
En el parque Santa Catalina se vive ya un ambiente muy carnavalero. El escenario brilla al compás de los movimientos que los operarios hacen para encajar todas las piezas del puzle, decenas de curiosos pasan a diario para contemplar los preparativos y poco a poco el cómic va tomando forma en un escenario mayúsculo. Nada de lo que allí acontece a diario deja entrever el incierto futuro de unas fiestas populares tan arraigadas.
"Antes de pensar en cambiar de lugar el Carnaval deberían de plantearse acotar las horas de fiesta, como se hace con el Womad", explicaba un camarero de la zona. El principal motivo de queja de los vecinos de Santa Catalina está motivado por los gritos, vómitos y micciones que deben aguantar cuando llega esta época del año. Cuatro semanas de olores imposibles y personas sin límites a los que quieren poner punto final. Quienes regentan la zona coinciden en imponer unas horas de "jaleo para que todos podamos dormir y disfrutar". Sin embargo, lejos de negociar un horario, las campanas suenan por otros derroteros.
Pérdidas
Abdallahi Mohamed trabaja en un locutorio bazar del parque. Argumenta que trasladar la fiesta supondrá "muchas pérdidas para nosotros porque en estas fechas el movimiento de gente, tanto de día como de noche, se multiplica asombrosamente". Cree que de llegar a materializarse la decisión "muchos comercios peligrarán".
De la misma opinión es Juan López, camarero en el Bar Central, que señala que en carnavales "solíamos aumentar la plantilla porque no dábamos abasto". En el Bar Central trabajan a diario seis personas. Este año ya no van a necesitar contratar a nadie porque se ha reducido una semana el Carnaval, "si lo quitan de aquí las pérdidas serán innumerables", asegura.
El movimiento fluctúa a buen ritmo en Santa Catalina, la gente va y viene y los viejos juegan a las cartas mientras otros observan los cambios que experimenta el escenario. Un señor que trabaja en el parque mira a todos lados con melancolía antes de asegurar que "esto no será lo mismo sin el Carnaval". Está de acuerdo en que "la gente de amanecida estropea cualquier fiesta, ya sea una romería o el mismo Carnaval". Sin embargo, considera que estos festejos deberían seguir allí y habría que "tratar de buscar otra solución" ya que las pérdidas para todos los comercios de la zona serán "muy importantes".
Como un jarro de agua fría ha sentado la noticia en la zona. Desde que se hizo pública la resolución del juez que daba la razón a los vecinos de Santa Catalina, que en 1996 interpusieron una denuncia al Gobierno municipal para acabar con las terrazas del parque blanco, los dependientes prefieren seguir trabajando y no pensar en lo que pueda llegar a pasar, puesto que el cambio no sólo no les favorece, sino que en algunas ocasiones puede llegar a acabar con el negocio.
"Seguimos hacia adelante gracias a fiestas como el Womad y el Carnaval, además del poco turismo que pasa cada día por aquí, que no suele gastar demasiado", explica Cristóbal Mendoza mientras sirve una caña en el Bar Nuevo Río. Desde hace años el establecimiento pone un chiringuito en la zona de los mogollones y para ello contrata a una persona, que se une a la plantilla para cubrir la demanda que se genera tanto en el chiringuito como en el bar. "Ya nos perjudicó la decisión de dejar el Womad en un solo día, pero ya esto sería fatal. El negocio se va a pique", asegura.
No todo el que opina lo hace de forma tan abierta como Cristóbal, pero sí consideran que eliminar el Carnaval del parque será muy negativo para los negocios. Por lo pronto, mantienen la esperanza de que la solución no pase por el traslado de una parte del Carnaval.