ELENA G. MONTERO
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Dónde nos vemos?" o "¡Levanta el móvil que aún no te encuentro!", son frases que se repiten tropecientas veces en una noche de fiesta. En carnavales los chiringuitos del parque Santa Catalina se convierten en algo similar a los puntos de información del aeropuerto. Lo que más se escucha en un mogollón para que Juana se encuentre por fin con la hermana es un "te espero en el Ventorrillo de Feluco" o "estoy en el Why Not".
Todo el que conoce y disfruta el Carnaval tiene uno o varios chiringuitos preferidos que utiliza como punto de encuentro y se especializa en ir de chiringo en chiringo y saltando de copa en copa hasta que los pies van solos al ritmo del reggaetón.
Paco Matías es ya un experto en la noche carnavalera. Su bochinche, el Miau, fue de los cuatro primeros que, hace 11 años, montaron un chiringay. Años después, tal y como cuenta, más del 40% de su clientela es hetero y la mezcla "hace un ambientazo". Cada año él y su marido diseñan la decoración del bochinche y en ocasiones se disfrazan acorde a lo que dibujan.
La zona de los chiringays es la primera que cada noche se pone de bote en bote. Es el primer lugar de encuentro de todo el que se precie y ahí empieza el despiporre. Apenas se puede caminar, y es sin duda por el desparpajo y la gracia con la que se toman estas noches de trabajo, enfundados en trajes imposibles y con pestañas que rozan el techo. "La gente viene al chiringuito porque estamos todo el día de cachondeo y eso les gusta. Es Carnaval, ¿si no lo hacemos ahora entonces para cuándo lo dejamos?". Jonathan Vega conoce la noche y sabe que bajo un disfraz todo se mira desde un prisma diferente. "La gente está más receptiva", explica, "y como nosotros en el Sidney estamos todo el día de broma muchos repiten con los ojos cerrados". Este es su sexto año, al igual que una pareja de nórdicos que "desde que conocieron el Carnaval no se pierden ni una", asegura, "y eso que no hablamos ni papa de inglés, pero ellos siempre están con nosotros".
El mojito que no falte
Entre ron y ron lo suyo es dar una vuelta de reconocimiento por si en el paseíllo inicial a uno se le escapa un bochinche bien cargado de gente echada 'pa´lante'. El ron que no falte, es lo que más se consume en la noche canaria. Sin embargo se está convirtiendo en un ritual el mojito de Elisabeth. Aunque cada año los ventorrillos se colocan en un lugar diferente, el halcón carnavalero encuentra de un solo vistazo la Casa del Mojito de Havana Club.
Y para terminar con la barriga llena y que el día siguiente no sea un infierno y consiga aplacar el entusiasmo vivido horas antes no puede faltar la carne de cochino arreglada del Ventorrillo La Guagua de Feluco. Domingo la Negra, Feluco y el Nene Bomba no dan abasto en toda la noche entre copas y bocatas.