G. GARCÍA-ALCALDE
Sobre la edición de Oeser ha creado ACO una interesante producción de la ópera-fetiche de Offenbach. El cambio más notorio, fácilmente asumible, es anteponer el cuento de "Antonia" al de "Giulietta". Con esa base, Mario Pontiggia centra la dirección y la escenografía en la estética del music-hall y el cabaret, muy adecuadas para el periodo de entreguerras del siglo XX en que ubica la acción. La frivolidad social por una parte y la cita de numerosas tendencias artísticas de la época (modernismo, cubismo, art-deco, surrealismo, Miró, Calder, Lempicka, etc.) dan sustancia a una concepción arrevistada y visualmente atractiva, que agradó mucho al público del estreno.
El recurso a los decorados virtuales funciona adecuadamente para un presupuesto limitado que debe lidiar con el figurinismo de muchos actuantes. Lo más logrado en decoración y vestuario es el acto de la autómata "Olimpia", fiesta de fantasía sobre las artes plásticas referenciadas. El excelente acto de "Antonia", construido sobre el perspectivismo arquitectónico surreal, sería perfecto sin el rasgo "kitsch" de las grandes fotografías de la madre, que canta invisible en el foso.
Y el acto veneciano, gran burdel de lujo con detalles sado-maso y formas femeninas insinuadas a lo Tamara Lempicka, también quedaría mejor con más intensa sensualidad, menos lentejuelas y supresión de las bombillas navideñas (así como evitando una entrada y salida del coro en formación militar). Pero Pontiggia y su equipo (el coreógrafo Claudio Martín, el modista Pepe Corzo, el iluminador Alfonso Malanda y la ayudante Antonella Conte) fueron justamente aplaudidos por un espectáculo de conjunto bien ritmado y muy desenfadado.
El Coro de Olga Santana vuelve a ser elemento primordial por su afortunada interpretación de las muchas páginas a su cargo y por el carácter diferenciado de cada una de ellas, con especial relieve de las voces masculinas. El ritmo y la diversidad de ambientes se logran también con una buena versión musical de Eric Hull y la versátil Orquesta Filarmónica de Gran Canaria.
ELENCO. El elenco vocal es determinante en esta ópera, tanto en las partes con un solo personaje como en las múltiples. Destacan en las primeras el tenor del extenuante rol titular, confiado a un veterano internacional como Richard Leech, voz ancha y llena, con cierto color baritonal en la región grave y plenitud en las demás, amén de bellos y firmes agudos; y la soprano ligera canaria Elisa Vélez, muy cuidada por ACO, que cubre las agilidades de "Olimpia" con vocalidad idónea en la extensión y la técnica de coloratura, además de desplegar un juego escénico impecable. Para ella fueron las más entusiastas ovaciones del domingo, hasta el punto de emocionarla.
Siguen en orden de éxito la soprano lírica Isabel Rey ("Antonia" y "Stella"), de voz delicada y radiante, con profesionalidad de primera ley: y la mezzo Roxandra Donose, bella mujer, excelente actriz y cantante de perfecta musicalidad en su volumen medio. Mabel Ledo ("Giulietta" y "La madre") es otra buena y cumplidora intérprete que engrana eficazmente en el estilo de la producción.
Los cuatro "villanos" son incorporados por Chester Patton, brillante histrión cuya voz de bajo pierde seguridad en las alturas baritonales que exige Offenbach. Magnífico de sonido y presencia el tenor canario Juan Antonio Sanabria en los cuatro criados; y sin un pero Stefano Palatchi, Emilio Sánchez y Manuel Esteve en dobles personajes comprimarios. Muy vistosas las cinco bailarinas y los cuatro figurantes.
En resumen, un "Hoffman" divertido en lo caricaturesco, sugerente en lo onírico, grato en lo sentimental, bien cantado y muy mundano.