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HEMEROTECA » |
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NAYRA PÉREZ HERNÁNDEZ Dicen que allí cientos de sombras se adentran en la noche buscando luz. Salen al tam-tam de los farolitos de las calles de Malabo, donde la ausencia de lo más elemental es cotidiana, para simplemente poder leer. A pesar de todo, en palabras de Donato Ndongo, en Guinea Ecuatorial "nos hemos puesto a hacer literatura". Ya lo decía en 1984, cuando en su Antología de la literatura guineana (Madrid: Editora Nacional) desenterraba viejas voces olvidadas. Por entonces no existía siquiera ese concepto, y casi nadie sabía siquiera que en Guinea Ecuatorial, la única ex colonia española en el África negra, se hablaba español, se creaba en español…
Hasta nuestros días, en que podemos decir que la literatura guineoecuatoriana es más que una escritura emergente. Aun desconocida, marginada, olvidada… los autores del presente y el futuro de las letras de Guinea Ecuatorial beben de las caudalosas aguas de la tradición oral de sus pueblos, al tiempo que aprenden de los autores guineoecuatorianos ya clásicos y se insertan en la universalidad en estos tiempos de globalización, respondiendo a la realidad en que viven.
A los cuarenta años de su "independencia", más allá del olvido internacional a un pueblo aplastado por dictaduras y barriles de petróleo, en Guinea Ecuatorial también existe una literatura viva, sin duda peculiar, para nada "menor", y que contribuye, entre otras aportaciones, a la desterritorialización del español.
Además de la doble raíz de la que se nutre, hispano-bantú, otras características de la literatura guineoecuatoriana hacen de ella un fenómeno cultural único. Si bien no ha seguido una trayectoria completamente diferente a la literatura africana en general, sí presenta una serie de rasgos que la diferencian del resto de las literaturas del continente y, de forma más visible, de las literaturas de su entorno, especialmente de la región francófona (recordemos que la Guinea continental es una especie de isla entre Camerún y Gabón).
En primer lugar, los críticos coinciden en señalar el carácter tardío de su aparición, ya que la primera obra publicada por un autor negro aparece en el año 1953, Cuando los combes luchaban (CSIC) del ndowé Leoncio Evita. Y Una lanza por el baobí del fernandino (de Fernando Poo, actual Bioko) Daniel Jones Mathama, la segunda, apareció casi diez años después (1962), en edición del propio autor. Por otra parte, no deja de ser especial el hecho de que esos primeros escritores los encontramos en el campo narrativo, mientras que en el resto del continente bajo la ocupación europea, el discurso lírico fue el medio de expresión primeramente más utilizado, sobre todo en el ámbito francófono.
Como consecuencia de ese retraso con el que despega la literatura guineoecuatoriana, aunque no exclusivamente por eso, ésta no alcanza la madurez, independencia y desarrollo autónomo sino más tardíamente, a lo que contribuyen también múltiples factores. En primer lugar, Guinea Ecuatorial alcanza la independencia cuando casi todos los países ya habían culminado ese proceso, ya sólo junto a los territorios portugueses. A lo que se suma la etapa del silencio de la primera dictadura, que se produce inmediatamente tras la independencia, durante once años (1969-1979), con el asentamiento en el poder de Macías y que llevó a Guinea una de las más sangrientas dictaduras del África negra.
Con la mayoría de los intelectuales en el exilio, exterior y/o interior, y un terrible aumento del analfabetismo, sólo se producen algunas pequeñas muestras de trabajos literarios que no van a fructificar hasta los años 80, tras la caída del dictador, cuando aparecen algunas de las mejores creaciones de la literatura guineoecuatoriana, produciéndose entonces una verdadera explosión de creación en tiempos de esperanza: El reencuentro. El retorno del exiliado, de Juan Balboa Boneke (1985); Ekomo, de María Nsué (1985); Las tinieblas de tu memoria negra, de Donato Ndongo Bidyogo (1987); Voces de espuma, de Ciriaco Bokesa (1987), etc.
Tardío despertar. A consecuencia de ese tardío despertar del pensamiento independentista y por la falta de una literatura anticolonialista, en los escritores no se halla, en general, conflicto entre lenguas maternas africanas y la lengua española; no aparece, al menos, de forma tan definida y virulenta, como en el resto de los autores negroafricanos, sintiéndose en su mayoría dentro de la comunidad hispánica, de la que se sienten parte, y reivindicando, una mayor atención y valoración por parte de aquélla.
La literatura de Guinea Ecuatorial es la que más complicaciones presenta para su estudio dentro de las literaturas africanas, por la dificultad de hacerse con sus obras y por la extrema carencia de publicaciones de crítica. Mbare Ngom, en uno de los pocos trabajos de investigación publicados (junto al de González Echegaray, 1965; el de Annette I. Dunzo, 1986; y los de Donato Ndongo, 1984 y 2000), sobre literatura hispanoafricana, se lamenta de que la literatura ecuatoguineana no sea siquiera mencionada en ninguna de las historias de la literatura en lengua española, a la vez que, entre los estudios dedicados a la literatura africana, sólo Jahn y Dressler (1973) y Gérard (1984) le dedican unas pocas líneas. Esta especial situación de marginalidad de la literatura de Guinea Ecuatorial se debería, según Paula García Ramírez, al escaso apoyo de España, antes y después de la independencia; una actitud que contrastaría con la política cultural francesa, que siempre fue de "ayuda" a la creación literaria africana, con un proyecto tan ambicioso como el de la francofonía.
La literatura hispanoafricana de Guinea Ecuatorial ha estado sometida a múltiples circunstancias adversas que han derivado en el hecho de que, hoy por hoy, sea prácticamente desconocida, a pesar de que ofrece testimonios de indudable calidad. Se hace necesario reclamar para ella una atención que hasta ahora se le ha negado, pues ningún panorama de la literatura africana quedaría completo sin tomarla en consideración, así como un panorama de la creación del ámbito hispano. No obstante, gracias a importantes esfuerzos, en los últimos años algunas de las obras más representativas de la literatura guineana se están dando a conocer y empiezan a ser objeto de estudio de tesis y tesinas en universidades de Gabón, Camerún, Canadá, Latinoamérica y sobre todo EE.UU. Y por fin en España algunos se ocupan ya de la producción literaria africana y de la de Guinea Ecuatorial, desde su especificidad hispano-bantú. Así, el pasado noviembre se celebró en el Instituto Cervantes de Madrid, con el apoyo de Casa África, el "I Congreso Internacional de Estudios Literarios Hispanoafricanos", acontecimiento cultural que obliga ya a una honda revisión del concepto de hispanidad.
La complejidad de la cultura e identidad guineoecuatoriana es expresada en su producción literaria en un nudo de interrelaciones dinámicas, vivas, en proceso histórico, con ciertos elementos variables y diversos y desiguales sentidos, que constituyen el rasgo heterogéneo de Guinea Ecuatorial como espacio híbrido. Textos en tensión, que reflejan las dicotomías entre dos mundos, entre dos épocas, que deben integrar universos culturales diferentes, procedentes de distintos códigos. Obras hijas de una sociedad que ya ha visto el fracaso de sus independencias, de una generación en búsqueda de vías y proyectos, en un universo inmerso en contradicciones ontológicas y a merced de la ruindad y crueldad de los nuevos gobernantes… Pero la sociedad tradicional tampoco se idealiza, como en la novela de Chinua Achebe, Todo se desmorona.
En definitiva, en estas obras hallamos los conflictos que subyacen en el espíritu del guineoecuatoriano, en su momento histórico, que se mueve y debate entre tradición/modernidad.
Tal vez las mejores metáforas que el arte puede proponer hoy son las que problematizan los estereotipos y las fronteras, ya que en un mundo tan interconectado las innovaciones formales se instalan en un espacio cuando asumen sus ambivalencias. Reclamar el espacio que ocupan las letras hispanoafricanas de Guinea Ecuatorial en el ámbito hispánico, como un tercer espacio, igual que el latinoamericano, "otro", en los márgenes, enriquecería ese crisol cultural que, de hecho, es, aportando nuevas problemáticas, visiones, estrategias... Aun compartiendo la lengua de expresión que utiliza, sus peculiaridades históricas y culturales han propiciado el desarrollo de un lenguaje propio, que vendría a desterritorializar más aún el español. Por otro lado, además de en Guinea Ecuatorial, en la actualidad, en África, escritores de Camerún, Marruecos o el Sáhara Occidental, entre otros puntos, hacen del español su lengua de expresión, que en estos casos es elegida, frente a la heredada e impuesta por la colonización. Por tanto, no podemos obviar las variaciones africanas del español y que Guinea Ecuatorial parece llamada a convertirse en foco de irradiación de la lengua y cultura españolas en el continente negro.
Por todo esto, no podemos seguir ignorando esta realidad silenciada. Menos quizá en Canarias, teniendo en cuenta los intercambios que históricamente se han dado entre ambas regiones atlánticas. ¿Cuál es y cuál debería ser el papel que jueguen nuestras islas en las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales con el continente negro y en especial con Guinea Ecuatorial?
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