LA PROVINCIA / DLP
La Fundación César Manrique (FCM) y el Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHAT) acogen desde la semana pasada la exposición Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas (donde se muestran los turistas a los nativos, los nativos a los turistas, a los turistas como nativos y a los nativos como turistas). Los montajes de la muestra, que coproducen ambas instituciones y que patrocina la Caja de Canarias, comparten esquema conceptual pero son autónomos desde el punto de vista expositivo, y su integración visual se hace mediante webcams, de tal modo que el visitante de una sede puede observar en tiempo real un aspecto de la otra.
Comisariada por los antropólogos Fernando Estévez y Mayte Henríquez y el historiador del arte y periodista Mariano de Santa Ana, la exposición analiza las muy ricas y diferentes dimensiones de ese objeto universal, el más significativo del consumo turístico, que es el souvenir, el más ubicuo de los objetos viajeros, que presenta, detrás de su atribuida banalidad, una sorprendente complejidad.
El turismo es una de las prácticas culturales que caracterizan a las sociedades contemporáneas, pero el prejuicio de considerarlo como mera actividad de ocio ha minimizado el estudio de su naturaleza, alcance e impacto ocultando su carácter complejo y multidimensional.
En lugares como Canarias, en los que la industria del viaje es el principal recurso económico, no habría que justificar exposiciones sobre el turismo; sin embargo, en raras ocasiones el turismo ha sido objeto de tratamiento museístico. En contra de esa tendencia, Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas (donde se muestran los turistas a los nativos, los nativos a los turistas, a los turistas como nativos y a los nativos como turistas) se fundamenta en la oportunidad de realizar no sólo una exposición para que puedan ser visitadas por los turistas, sino, desde una perspectiva más amplia, para que también los nativos se vean y reconozcan a sí mismos en su condición de turistas en su propia tierra, para que los turistas se vean vistos desde la óptica de los nativos y para que los museos, asumiendo que viven del turismo, contribuyan a su mejor conocimiento y se conviertan en una abierta "zona de contacto" entre los diferentes agentes de esta industria. En esa línea, se toma el souvenir justamente para mostrar cómo, más allá de su aparente trivialidad, este objeto aglutina todos los trasuntos que operan en las relaciones turistas-nativos, articuladas en un vasto terreno de negociación, apropiación, adaptación y resistencia.