BORJA VALCARCE HÍPOLA
Tiempo. Esa es la expresión que acude a la mente de todos los transeúntes que como flaneurs, paseantes urbanitas de la ciudad, acuden a la exposición de Hildegard Hahn para abandonarse a la contemplación intemporal de la exposición Ondas-Reflejos-Fragmentos que recorre "la relación entre la materia y la energía, entre el ser individual y el todo, entre el yo y el nosotros", dice la creadora.
Instalada en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología, su obra, una entre las muchas que ha realizado durante sus 66 años de vida, muestra no sólo el diálogo que se establece entre la ciencia y el arte, sino también algunas de las dicotomías que asaltan al espíritu humano deudor del siglo XX y pionero en el siglo XXI.
La sutil conexión que Hahn realiza la desarrolla a través de diversos medios: escultura, fotografía, pintura, vídeo y música, que muestran una fragmentación que sólo en el todo de "una idea transversal alcanza su significado y su plena integración".
Esa idea relaciona la materia, simbolizada a través de una serie de rocas escultóricas obtenidas de las Salinas de Arucas, con la energía, representada por una serie de grandes obras pictóricas de las que emergen los quantos, la unidad de energía más pequeña.
Entre ambas fases de la exposición, dice Hildegard Hahn, se establece una conexión artística que la ciencia ya ha manifestado entre el exterior de la materia y su interior, donde yace la energía.
"Todo es un paralelismo y todo es un diálogo", asegura Hahn, como el que se establece entre los diversos medios que la artista utiliza en su exposición. "Todo al servicio de una idea, la temporalidad de la realidad frente a su consideración como algo estático, como algo fijado", añade. De ahí surge la obra pictórica de la autora. Inmensos lienzos abstractos, que muestran el ir y venir caótico de la energía. "Es un lugar donde la persona reposa y descansa", admite Hildegard Hahn al contemplar su obra. Un lugar donde se detiene el tiempo.