R. C.
El periodista y escritor francés Francis Lacombrade se reunió en el año 1996 con Alfredo Kraus para recomponer el perfil del tenor a través de una entrevista. Alfredo Kraus: Confidencias para una leyenda ofrece los secretos humildes o grandiosos de un oficio cuyos continuos interrogantes y exigencia se revelan claramente.
Su condición de canario fue determinante en su carrera artística, como bien reconoce el tenor. "Me ha pesado mucho, es más, creo que ha jugado un papel decisivo ya que mi vida interior era favorecida infinitamente, aumentada por el aislamiento de la isla". Pero cuando el periodista le interroga sobre su doble origen, al ser su padre de Viena, el tenor recuerda: "En el colegio los niños nos encontraban diferentes, lo cual no era tan evidente. Con todo lo austriaco que era mi padre había captado de tal modo la manera de ser de las Islas Canarias, amaba hasta tal punto la forma de vida, esa lengua, que, a mi juicio, no se diferenciaba de los demás". En lo que respecta a los consejos que le daría al estudiante ideal, Kraus señala que "hay que establecer, de entrada, que el canto y la carrera no pertenecen al orden material y que por lo tanto es preciso tener, concebir ideas muy claras. Hay que aliar optimismo y realismo".
Uno de los aspectos más importantes ha sido su entera vocación en el canto, aquí, ante la pregunta de Lacombrade, Kraus contesta: "Desde que me sentí alguien, quise ser cantante. En mi adolescencia daba pequeños conciertos benéficos, organizados por doña María Suárez Fiol. Preparábamos fragmentos, vocalizábamos espontáneamente, sin técnica. Todo el mundo comenzaba a decir ¡Ah, ese chico tiene una voz muy bonita! y eso llegó a oídos de mi padre, y él, con su inteligencia, comprendió la fuerza de mi pasión secreta sin que yo dijera una palabra. Desde que me sentí alguien quise ser cantante".
Quizás, sin embargo, la parte más interesante, para muchos de sus incondicionales, era cómo lograba esa técnica. Aquí el tenor responde que "la técnica del canto o se comprende de entrada o no se comprende nunca; hay que captar el lenguaje, las leyes, saber aplicarlas, ejecutarlas, mecanizarlas, reproducirlas, siendo estas últimas cuestiones lo más arduo. Existen seres dotados de una bonita voz que permanecen completamente herméticos a esta ciencia. No pueden captar la parte de imaginación que, a fin de cuentas, termina siendo lo esencial". Y sobre su encuentro con María Callas: "Se producía un efecto milagroso, todo el mundo a su alrededor desaparecía para dejarle espacio a ella".