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JORGE BALBÁS PEÑA Tullio Serafin, consagrado director responsable de lanzar al estrellato a María Callas en La Fenice de Venecia al convencerla para participar en I Puritani, quedó maravillado con Alfredo Kraus en pleno ensayo de dicha pieza en otro teatro, el Don Carlos, de Lisboa. Cuenta la historia -caprichosa ella- que Serafín se dirigió a un Kraus, que venía de triunfar con Rigoletto en Turín y Londres, para preguntarle dónde había estudiado. El tenor canario respondió que con el maestro Fornasati, preparador en Milán. Y preocupado añadió: "¿qué ocurre, maestro? ¿algo va mal?". El director respondió, rápido: "No, es que parece que Bellini hubiera escrito esta ópera para usted". Nacía así la leyenda sobre el mayor tenor lírico de la segunda mitad del siglo XX, que se mantuvo, contra corriente, como el modelo de la forma selecta del canto.
Pero el tenor con más estilo del siglo XX junto con Caruso -como diría a su muerte la prensa italiana- nacía realmente el 4 de noviembre de 1927, en Vegueta. Alfredo Kraus Trujillo vino al mundo justo en el edificio que alberga hoy la Casa de Colón, y que era entonces sede del periódico LA PROVINCIA durante la primera etapa del diario, cuya administración ejercía su propio padre, Otto Kraus, un periodista austriaco nacionalizado español. Disciplina musical vienesa y tradición musical isleña se unían. La abuela vivía en la casa de enfrente. Fallece su hermana y a los cuatro años se trasladó a otro domicilio, cuya salita estaba dominada por un fonógrafo, donde la familia escuchaba discos de la casa Edison. "Recuerdo el 'Ay, ay, ay', de Fleta, temas de Tito Schipa y zarzuela", declaraba el tenor.
Comenzó a dar clases de piano y entró a los ocho años en el coro infantil del colegio Claret, con el padre Zabaleta. María Suárez Fiol de León, impulsora de veladas musicales y de la OFGC, cobijó en sus clases de canto al pequeño Alfredo y su hermano Francisco. Participó con 17 años en el coro de la Filarmónica y en la Coral Polifónica.
Estudió peritaje mercantil, pero su vocación era clara hacia la música, como demostró su partida en 1948 hacia Barcelona para estudiar técnica de canto con la maestra rusa Galli Markoff, y trasladarse luego a Valencia con el célebre maestro Andrés. En 1952, acaba en el conservatorio de Milán, donde conoce accidentalmente a la soprano Mercedes Llopart, con la que concluye su formación musical. Quedó finalista del Concurso Internacional de Canto de Ginebra, ante la mirada de decenas de directores de escenas y cazatalentos. Triunfó y salió del concurso con un contrato para el Rigoletto en la Real Ópera de El Cairo, en 1956, donde también haría Tosca. Encontró pronto su repertorio clásico con áreas como La donna é mobile, con el que levantó a toda la platea, junto a otros autores fetiche, además del mencionado Verdi, como Bellini, Donizetti o Massenet en tramas protagonizadas por héroes líricos italianos y franceses. Frente a un arte camino del espectáculo de masas, Kraus labró una carrera de 43 años donde quedó como el último caballero del bel canto, cultivador de las formas selectas y de una técnica insuperable y polémica, que acabó impartiendo en Perugia, en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, en la Escuela Reina Sofía de Madrid, en Santander y en su ciudad natal con la final del Concurso Internacional de Canto Alfredo Kraus y una malograda cátedra de Canto en la universidad grancanaria. Magisterio realizado con el apoyo de Suso Mariategui y el pianista Edelmiro Arnaltes, de donde saldrían cantantes de la talla del venezolano Aquiles Machado.
Tras el éxito de Egipto, empezó a triunfar ante el público europeo con La Traviata (La Fenice), Lucía di Lammermoor (Covent Garden), La Sonámbula (Scala) y Los Puritanos (Lisboa). Callas, Sutherland y otras divas fueron sus parejas en el escenario. En los 60, conquista Buenos Aires, Tokyo y Estados Unidos (Chicago y Metropolitan de Nueva York). "La perfección es hoy Alfredo Kraus", diría Giulietta Simionato al escucharlo en Nemoruno, en Chicago.
En los 1970 se mimetiza con Werther en Roma y París, considerándosele "el mejor intérprete para este papel", aunque tenía 20 óperas en su repertorio. Rechazó suculentos contratos, siempre fiel a su registro y técnica, con breves incursiones mozartianas en un esplendoroso éxito en Don Giovanni -con Von Karajan- y Cosí fan tutte -con Karl Böhm-. Histórica fue su negativa a un contrato ofrecido por Karajan para girar un año, pues volvió a su repertorio italiano y francés. Mantendría el mismo nivel en los 80 con el cartel de vendida las entradas en todos los teatros. Dejó grabaciones y cultivó también el repertorio español. Recibe en 1991 el Premio Príncipe de Asturias. Sólo la muerte de su esposa Rosa Blanca Ley Bird, con la que tuvo cuatro hijos, mermó sus ánimos para luchar contra el cáncer que acabó con su vida hoy, 10 de septiembre, de hace diez años, siendo enterrado en Boadilla del Monte (Madrid). "Kraus cierra un siglo como Caruso lo abrió, como testimonio de un valor que se llama estilo", escribiría el diario Corriere della Sera.
*Texto escrito a partir del libro Historias Isleñas de Ultramar, de Antonio G. González (Anroart Ediciones, 2004).
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