D. F. H./A. G. S.
Santiago Auserón es un personaje fundamental para entender el pop y el rock que se ha cocinado en España en los últimos 30 años. Y lejos de guarecerse en el glorioso pasado musical, sus últimas escalas desde que se sacara de la chistera el personaje de Juan Perro, han sido demostraciones públicas de reinvención, de supervivencia obligada de un artista que camina a su manera , sereno y lejos de la presión que le atribuye a un artista de los que venden discos. Entre otras cosas, porque poco negocio reporta a estas alturas.
La esencia de Juan Perro no se ha diluido en el tiempo. Su regreso es una cuestión de principios y de honestidad en una profesión en la que poco abunda de esto. Como bien contaba esta misma semana, su voluntad de rescatar el proyecto con el que abrazó la cubanía seguirá esculpiendo canciones mientras tenga un público fiel, que se sepa reverenciar su caché. Sin discográficas ni advenedizos que sólo buscan la extorsión económica del artista.
Del Juan Perro de 1993, el que venía dando el cante junto a otro de los grandísimos poetas de buen verbo como es Kiko Veneno, al que anoche estuvo en Siete Palmas, va un buen trecho. Este Vuelve Juan Perro, título de la gira que le trae por Canarias dentro del ciclo de conciertos Dorada en Vivo (mañana sábado actúa en Santa Cruz de Tenerife), fue el reecuentro con el artista que se embelesó con la música cubana. Y mucho de ese singular ejercicio de fusión fue lo que puso en práctica después que el grancanario Fermín Romero pusiera tibio al personal en situación. A él le tocó ejercer de anfitrión y supo arengar al público con lo mejor de su repertorio, incluida su coreada La granja de Andrés.
Tras el aperitivo llegó Juan Perro, ladrando, y sirviendo junto a la mejor banda que según dijo ha tenido nunca para dar costura musical al proyecto, Moisés Porro (percusión), Norberto Rodríguez (guitarra) y Ronald Moran (contrabajo), canciones como Río negro, Poco talento o En la selva. Piezas con las que saludó a un público que no quiso perderse el reencuentro con el amigo. Poco menos de mil personas, según la organización, se dejaron caer por la periferia capitalina, aunque fuera jueves.