|
|
|
HEMEROTECA » |
|
ALBERTO GARCÍA SALEH Juan Manuel Artero aseguró ayer que al componer la obra Una lámina blanca quiso representar un horizonte marino, "un diorama sonoro que vagamente reflejase un atardecer en la playa de Las Canteras". El compositor madrileño ofreció, en el Conservatorio Superior de Música de Canarias, una charla organizada por Promuscan, de la obra encargo del Auditorio Nacional de Música que anoche estrenó la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, bajo la dirección de Yaron Traub, en el Auditorio Alfredo Kraus.
La obra de Artero, que toma como inspiración algunas imágenes poéticas de un poema de Manuel Padorno, parte del lenguaje contemporáneo, y acoge en su escritura otras figuras que podrían simbolizar el viento, el caer de la tarde, las olas, etc., relacionadas con el ambiente de la costa grancanaria. Para el compositor, a la hora de escribirla, utilizó un lenguaje que no desdeña la figuración, "con el fin de que la música pueda resonar en cada oyente suscitando un mundo de asociaciones particular, lejos de la abstracción combinatoria", aclaró. Artero, que nació en el año 69, fue inicialmente autodidacta, estudiando luego con diversos compositores de forma privada.
En 1995, Juan Manuel Artero asiste a la Academie d'Étè en el IRCAM (París) y se traslada a Italia, donde estudia composición con Salvatore Sciarrino y música electroacústica en Milán y Roma. El compositor madrileño reconoce que no es muy prolífico, ni nunca tuvo una educación formal, además de que "la música como escritura solfeística era algo alejado de lo que quería", señaló durante el encuentro con los alumnos, "buscando más bien un universo más cercano a los paisajes sonoros".
Durante la charla, Artero puso varios fragmentos de sus obras que fue explicando. Así, por ejemplo, en A una Libia de ondas, fábula de un naufragio para flauta en sol, o Sull rumore delle statue para violonchelo utilizaba una técnica que consistía en contar el tiempo no de forma métrica, cuantitativa, sino cualitativa y dependiente más de gestos que de un pulso.
Posteriormente quiso crear narrativas inmediatas, en las que pequeños objetos sonoros, casi actores, se desarrollan en el tiempo y el espacio; escribir como si una cortina se abriera y apareciese un drama como en Gran escena de los cipreses, del año 1999, "donde aparecen figuras flotando en el espacio que van buscando distintas notas y armonías", añadió el compositor. La obra, se estrenó en el Teatro principal de Oviedo donde un crítico tituló como Una acuarela desvaída con una intención no muy halagadora pero que al autor, curiosamente, le gustó.
También puso fragmentos de
Sobre lo inútil y perpetuo, una obra para flauta, piano y voz donde se perciben movimientos como de alas, "unas constelaciones sonoras que se van conectando", señaló el compositor, y basado en un poema de Manuel Altolaguirre. Actualmente Artero, además de su labor compositiva propia, trabaja bastante para el teatro y realizando bandas sonoras para videoartistas, abarcando todos los aspectos técnicos, aparte de haber publicado un libro de poemas.
|
|
|
|
Gana una de las 20 invitaciones para asistir al concierto el 22 de junio en
Gran Canaria
| PROMOCIONES CONÓZCANOS: CONTACTO | LA PROVINCIA | LOCALIZACIÓN | PUBLICIDAD: TARIFAS | AGENCIAS | CONTRATAR |
|
| |||||||