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ANA MENDOZA
El escritor y periodista Juan Cruz se considera "un obseso de la memoria", y a ese territorio tan personal pertenece Egos revueltos, el libro con el que ayer ganó el Premio Comillas y en el que trata de combatir "el desdén por los muertos que muestra la sociedad cultural española". Según el autor tinerfeño, y colaborador de LA PROVINCIA/DLP, "Hemos entrado en un proceso de desmemoria instantánea y en una falta de respeto por el patrimonio que dejan los fallecidos. Eso es lamentable", aseguraba ayer en declaraciones a Efe Cruz desde Buenos Aires donde participa como jurado en el Premio Clarín de Novela.
Cruz está "muy contento" por este premio que le han concedido por haber recreado "el lado más humano, personal y creativo" de los innumerables escritores de Europa e Hispanoamérica, que el autor ha ido tratando a lo largo de cuarenta años, tanto en su faceta de periodista como en la de director de la editorial Alfaguara (1992-1998).
Borges, Cortázar, Paul Bowles, Onetti, Juan Benet, Cabrera Infante, Susan Sontag, Günter Grass, Jorge Semprún, Severo Sarduy, Camilo José Cela, Francisco Umbral y Manuel Vázquez Montalbán son algunos de los escritores que desfilan por las páginas de Egos revueltos. La vida literaria: una memoria personal. De todos ellos, Juan Cruz, adjunto a la dirección del diario El País, cuenta sabrosas anécdotas y refleja "la sensación de soledad ante el mundo" que tiene el escritor y "el desamparo" que sufre con frecuencia.
La obra de Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948) pertenece al "territorio de la memoria", y en él se sitúan títulos como Retrato de un hombre desnudo, Ojalá octubre y Muchas veces me pediste que te contara esos años. El título del libro premiado "parece irónico" y tiene su origen en una broma que se le ocurrió a Cruz hace años en Chile, durante un viaje en el que coincidió con Arturo Pérez-Reverte y con la escritora chilena Marcela Serrano. "Marcela se quejaba ante su editor de que no había limones para el pescado en Isla Negra, y me pareció extraordinario que le pudiera echar la culpa al editor de esa carencia. Y fue cuando yo le dije a Arturo: es que a los escritores habría que darles de desayunar egos revueltos", recordaba Juan Cruz.
Guarda un excelente recuerdo de muchos escritores, pero el que le dejó "una huella especial" fue Manuel Vázquez Montalbán, fallecido en 2003, "un hombre de enorme inseguridad sobre el futuro y que siempre creía, erróneamente, que estaba mal visto por la sociedad y por el periódico (El País)". Al recordar a Vázquez Montalbán, Juan Cruz se lamentó del "desdén por los que se han ido que muestra la sociedad cultural española". Un olvido que quiere combatir con libros como el premiado.
Con Paul Bowles tuvo una relación especial, en la que comprobó "la soledad infinita que desprendían sus ojos, el desamparo que sentía", afirma Cruz, en cuyo libro hay también "mucha ironía", sobre todo en las páginas dedicadas al ego de los escritores.
Y si de ego se trata, el nombre de otro escritor español, Camilo José Cela es inevitable en la conversación. Juan Cruz sentía "muchísimo cariño" por el Premio Nobel de Literatura, pero cree que "estuvo rodeado de gente que se apropió de forma excesiva del personaje".
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