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ALBERTO GARCÍA SALEH Muchas personas, a lo largo de sus vidas, se plantean una misma disyuntiva: ¿vale la pena seguir enfrascado en un trabajo monótono y que ya no nos motiva?, ¿o hay que aventurarse hacia lo que a uno más le gusta asumiendo todas las consecuencias de su éxito o fracaso?
El caso del bajo barítono grancanario Vicente Domínguez, de 48 años, es el de alguien que apostó por la segunda opción en una edad ya madura. Funcionario del ayuntamiento de Teror como auxiliar administrativo durante más de 20 años, Domínguez compaginaba esta profesión con la de graduado social por las tardes, ya que su origen humilde no le permitía demasiado tiempo libre para otras ocupaciones. El bajo barítono confiesa que la música lírica le apasionaba desde joven, pero nunca pudo centrarse enteramente en ello, ya que, señala, "me dediqué sólo a trabajar y a sacar a mi familia adelante".
En estos momentos, mientras ensaya su papel como el padre Prior en la zarzuela La Dolorosa que se representará junto a Los Claveles el viernes y sábado, a las 20.30 horas, en el teatro Pérez Galdós, dentro de la programación de Amigos Canarios de la Zarzuela, Domínguez reconoce que, debido a ciertos desahogos familiares, ha podido centrarse, definitivamente, en el mundo de la lírica. Sin embargo, ha sido realmente un cúmulo de acontecimientos los que le llevaron a asumir esta nueva etapa de su vida de una manera firme.
"Tuve la suerte de que en la iglesia de Teror me invitaran a cantar la bajada y la subida de la Virgen porque había fallecido el organista", señala. "Al parecer a la gente le gustó mi voz y me empezaron a llamar para cantar en bodas, etc". Cuando casi llegaba a los cuarenta, y sin tener los suficientes conocimientos musicales, el bajo barítono comenzó a recibir clases particulares de solfeo de una amiga a la que casi considera como una madre. "Pero un día", recuerda, "decidí romper con este tema y comenzar a formarme profundamente". Así, Domínguez hace las pruebas de acceso y se matricula en el Conservatorio Superior de Música de Canarias.
"Fue difícil por razones de la edad", señala, "por haberme formado por fuera, y porque tenía un montón de incompatibilidades de horarios ya que tenía que trabajar y siempre estaba corriendo. Todo era un agobio, pero, a trancas y barrancas, pude conseguir esa formación", señala. Luego, el barítono tuvo la suerte de que, en Verona, conociera al maestro Ivo Vinco que le diera clases durante casi dos años. Su primera participación fue precisamente allí, con Las bodas de Fígaro. Por ahora, el futuro es incierto para alguien que comenzó tarde en una profesión tan complicada y con tanta competencia, pero opina que la satisfacción de poder hacer lo que más le gusta cubre cualquier otro tipo de ingratitud.
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