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ALBERTO GARCÍA SALEH
- ¿Qué diferencia esta lectura de Las Bodas de Fígaro de otras versiones sobre la ópera de Mozart?
- Básicamente, es una producción hiperrealista en la que la gente ve exactamente lo que transcurre en el libreto. Normalmente Las Bodas de Fígaro se hacen muy alemanas o muy austriacas. Nosotros queríamos que la acción transcurriera en un palacio en Sevilla, que todo tuviera olor a jazmín, hasta el punto de que en el último acto lo hemos puesto en el aire acondicionado. Está inspirada en Goya y es una producción que, dentro del hiperrealismo, la luz y el calor de Sevilla cobran fuerza.
- ¿Hay alguna variación importante en las escenas?
- Hemos hecho el primer y segundo acto seguidos, y en ambos es muy importante la iluminación y el ambiente de Sevilla. Es como un hiperrealismo poético. Es una producción muy limpia y ágil cuya base es un sueño de jardín. Desde el inicio hay un tul muy barroco como telón y, a través de este tul, se ve toda la escena. Este tul se mantiene en todas las introducciones. Es un elemento muy barroco.
-¿Cree que Las Bodas de Fígaro peca de ser una producción sobrecargada en exceso?
- Las bodas de Fígaro es muy típico de la época porque España era exótica en el XVIII. Yo la he visto en varias producciones y es una producción que cuando se hace muy alemana creo que no funciona y no se entiende. Realmente creo que la ópera puede estar más cerca de una zarzuela que a esa cosa abstracta que hacen muchas veces y que le quieren dar la vuelta. Y yo creo que la lectura que tiene este Bodas de Emilio Sagi es que es fácil, que entiendes la historia de los personajes.
- ¿El libretista Lorenzo da Ponte pensaba en esto cuando hizo la versión de la obra de Beaumarchais ?
- Sí, porque si lees la traducción simultánea y las escenas te das cuenta de que todo coincide. Lo que pasa es que el realismo y el hiperrealismo es algo a lo que mucha gente le tiene miedo. Y uno piensa en el hiperrealismo y piensa en lo cursi. Pero el hiperrealismo es que tú, como espectador, reconozcas que hay un palacio, una habitación o un jardín. Cuando empecé con esta producción una de las cosas que quería hacer era resolver el jardín. Por eso, empecé el proyecto de atrás para adelante y el jardín que yo he hecho es un patio andaluz que está lleno de naranjos, jazmines, tiestos, fuentes con agua, etc.
-Cobran, entonces, mucha importancia los sentidos.
- Yo creo que la lectura es llegar precisamente a los sentidos: la vista, el olfato, la sensualidad, etc. Está llena de erotismo, pero dentro de una imagen realista, como si vieras un cuadro de Goya. Tú ves que hay de verdad ese contacto entre el conde, la condesa y querubino, y que es verdad. Intentamos llegar a la verdad, que sea lo más real. En la escena del tercer acto en la fiesta de la boda todos bailan el fandango de verdad. Tampoco es folclórica, pero transcurre en la España de Sevilla. La luz entra por la ventana y gira sobre el patio que, a su vez, tiene dos grandes puertas que dan al jardín.
- Uno de los principales problemas en esta ópera son los recitativos que, normalmente, no están bien resueltos.
- En una ópera no puede haber una diferencia entre lo cantado y lo hablado. Y en esta producción los recitativos están muy bien actuados y eso hace para que veas una línea de continuidad. Habitualmente, en estas producciones alemanas, el recitativo es como si no formara parte de la ópera, y aquí he cortado todo lo innecesario.
- ¿Se puede establecer alguna comparación con su anterior trabajo El barberillo de Lavapiés también para el teatro Pérez Galdós?
- Sólo que las dos son blancas. Este montaje es una coproducción entre el Teatro Real, el Teatro Pérez Galdós y la colaboración de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera. Es una de las producciones de las que yo he estado más orgulloso, de las que mejor ha sido el resultado.
- ¿Cómo ha sido su trabajo con Emilio Sagi?
- Emilio Sagi ha aglutinado todo y ha hecho una obra sin ningún tipo de prejuicios y por eso es divertida. Los escenógrafos tenemos un trabajo: escuchar al director, interpretarlo, luego dárselo al director y que el director lo vea, que cuando yo cerraba los ojos e imaginaba el escenario fuera lo mismo. Es una producción poética, que inspira una poesía. La cerámica del suelo es de verdad. Tengo que recordar que he sido el director técnico del Teatro Real y que cuando me marché Emilio Sagi me propuso volver como escenógrafo, que era una actividad que yo siempre hacía paralelamente. Ahora estoy en París preparando, además, The sounds of music que estrenaré el 6 de diciembre.
Se trata de una producción muy limpia y ágil cuya base es un sueño de jardín, como un hiperrealismo poético
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