DIEGO F. HERNÁNDEZ / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
África, sus gentes y las urgencias a las que se enfrenta el continente fueron la banda sonora con la que el festival Womad 2009 plegó sus velas la pasada madrugada. Si el jueves, primera jornada, formaciones como Diak Haso o Vieux Farka Touré ejercieron de anfitriones en este viaje por la geografía musical de tres continentes, anoche fue otra artista africana, Oumou Sangare, la que sirvió un exquisito remate a cuatro días de celebración de los 15 años de presencia del Womad en la Isla. Un concierto concebido para el aniversario, excepcional por lo que suponía su vuelta a los escenarios con nuevo disco, Seya (2009), lo primero que publica tras seis años en barbecho.
El domingo de Womad no perdió intensidad respecto a los días anteriores. Menos público que el sábado, aunque más espectadores menudos que tuvieron en la tradicional procesión el premio al trabajo en los talleres. Con la procesión entró el Womad en su recta final con un menú musical que trajo a dos formaciones canarias, Manao y Yone & Timplebanda, con la colaboración de Javier Infante. Música popular sacada de su contexto para modular su carácter hacia el jazz, caso de Manao, y los sonidos de raíz africanos. Junto a éstos, el proyecto que ha unido a Justin Adams & Juldeh Camara, y el argentino Melingo con su suerte de tango golfo y callejero.
Este Womad ya es historia, pero deja momentos impagables como los que se sucedieron el sábado, tercer envite en el que otra mujer, la irlandesa Imelda May, fue la más grande, con permiso del vibrafonista Roy Ayers, a quien se le reservó el escenario Santa Catalina. No hubiera estado nada mal tener a Imelda y su banda de soul y rockabilly presidiendo el parque. Su concierto en el Boulevard fue un repaso a su disco Love tattoo y clásicos del rock primigenio, con momentos electrizantes con Johnny got a boom boom, los guiños a Elvis con My baby left me, y su frenética lectura a Tainted love, de Soft Cell. Después de ver a la irlandesa bien se podría haber acabado Womad. Pero quedaba el gran Roy Ayers haciendo buena su historia. Con el estadounidense el festival cerró otra noche grande de mucho ritmo, dispersa en estilos, que merecía más. Aunque artistas como el brasileño Marcio Local (que supo jugar bien sus cartas con esa reverencia casi constante a Jorge Ben), Bibi Tanga, Siyaya, la exótica pareja que forman Najma Akthar & Gary Lucas y los canarios Pumuky, Al Baño María y De Soto pusieran su empeño por hacerlo bueno.