D. F. H.
La música moviliza a la sociedad, sobre todo, cuando un concierto se convierte en un gesto colectivo de solidaridad en favor de un pueblo quebrado por las catástrofes naturales, como es el caso de Haití y el terremoto que padeció en enero pasado. El Concierto por Haití, organizado anoche por el Cabildo de Gran Canaria y Fundación Auditorio, en colaboración con otras entidades públicas y privadas, se cobró un lleno histórico en la sala sinfónica del recinto de Las Canteras.
"Un éxito", decía el consejero de Turismo del Cabildo y presidente de la Fundación de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Roberto Moreno, minutos antes del comienzo del evento protagonizado por la Joven Orquesta de Gran Canaria, el Coro Juvenil de la OFGC, músicos de la Filarmónica y con Luifer Rodríguez como recitador. A las 19.30 horas de ayer sólo quedaba una entrada disponible en la taquilla del Auditorio. Una plaza para la que habían múltiples candidatos a la espera hasta poco antes del arranque de la primera pieza del programa , la Sinfonía nº 1 en do mayor, de Beethoven. Como todo estaba vendido, algunos se retrataron igualmente adquiriendo las entradas a 10 euros para la fila Cero. "Lo importante es echar una manita", aseguraba una señora. Apoyo y generosidad, palabras que según Roberto Moreno expresan el valor de esta convocatoria. "Todavía es pronto para saber lo que se ha recaudado y habrá que esperar al menos hasta el lunes", subrayó Moreno. "Lo que sí es una realidad ya es la solidaridad de toda la isla por el gesto de la Joven Orquesta de Gran Canaria", dijo.
El aforo del Auditorio con las entradas a 15 euros garantiza unos ingresos en torno a los 32.000 euros, a los que hay que añadir las distintas aportaciones a través de la fila Cero. Este dinero será gestionado por Cruz Roja para su envió a Haití.
En lo musical, la Joven Orquesta, con su director titular, Zdzislaw Tytlak, al frente, encaró un repertorio con obras de Beethoven, Bruch, Mozart, Ennio Morricone, Brahms y Néstor Álamo. Un programa atractivo para un aforo de todas las edades, el más solidario que ha tenido la sala sinfónica en tiempo.