ALBERTO GARCÍA SALEH
La extensa y brillante producción de Lope de Vega nunca dejará de desconcertar a expertos y aficionados al Siglo de Oro. La representación el pasado fin de semana en el teatro Cuyás de una de las obras menos conocidas del Fénix de los Ingenios, como ¿De cuándo acá nos vino?, por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, demuestra cómo el dramaturgo del XVII dominaba, en su etapa ya madura, los elementos importantes de la arquitectura teatral para crear una obra adelantada a su tiempo, que no debería situarse entre sus producciones menos populares.
Rafael Rodríguez realiza una inteligente dirección de actores, fusionando a nombres muy veteranos con otros más jóvenes y creando una obra coral en la que las individualidades se desenvuelven brillantemente. La aparición de los músicos como figurantes y la proyección de imágenes del Madrid de la época, crean la sensación de un ambiente bullicioso y distendido, en el que desfilan indianos e indios, capitanes y nobles, criados y esclavillas, otorgando mayor verosimilitud a una obra amena y entretenida en la que el director aruquense impregna ritmo y vitalidad.
Muchos son los elementos positivos de la obra, que se apoya en el juego de amor entre un soldado llegado a Madrid de los tercios de Flandes y un dúo de rivales femeninas formado por madre e hija. Pero el principal acierto del montaje radica en el tratamiento minuciosos y respetuoso de un verso ágil y hermoso, que sorprendentemente atrapa al espectador desde el principio. Un título que recomendaría a todos aquellos que vean con temor las obras en verso de la literatura castellana.