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ALEJANDRO ZABALETA Y llegó Marcus Miller, un músico privilegiado que parece haber nacido con un bajo eléctrico pegado a sus manos, un tipo que con tan sólo veinticinco años era el más cercano colaborador del Miles Davis de mediados de los ochenta.
Los nostálgicos se acordarán bien de Tutu, un disco grabado por Miles en 1986, al que se le atribuye la conversión al jazz de muchos profanos que hasta entonces no se habían fijado en este estilo. Tutu fue en buena parte obra de Miller, que compuso casi todas las canciones y dejó esa impronta funkera en el disco. Pues precisamente a revisitar Tutu vino Miller, a recordárnoslo con sus pros y sus contras. Porque si algo quedó claro el pasado sábado en el auditorio Alfredo Kraus es que aquélla no fue una obra de temas memorables, aunque sí de grooves y buenas interpretaciones por parte de los músicos.
Con el bajo muy alto en la mezcla y un pedal de wah subrayando sus líneas, quedó claro desde el principio quién era el protagonista aquí. Miller tiene un sentido del ritmo envidiable, y con su bajo es capaz de propulsar cualquier grupo, pero muchas veces se abandonó al virtuosismo -por momentos apasionante, por momentos exhibicionista- y dejó que el teclista Federico Peña cubriera las líneas de bajo desde su discreto pero efectivo arsenal de sintetizadores.
No hubo nada malo en el concierto del otro día, pero creo que tampoco nada especialmente bueno. El grupo andaba muy bien, con un ritmo y un sonido estupendos, animados por el infalible timing de Miller, pero si exceptuamos la conocida canción que dio título al disco, el resto bien pueden intercambiarse entre unas y otras. Es ese jazz funkeado tan típico de los ochenta, estilo del que estos temas son muy representativos.
Al trompetista Sean Jones le tocó la incómoda tarea de hacer de Miles Davis, y optó por el camino más fácil, y quizá también el más fiel al Miles postrero: el minimalismo, el esbozo, la línea sugerida. Con el saxofonista Alex Han se marcó Miller, al clarinete bajo, un dueto sobre un estándar. Fue la única excepción a la cabalgata rítmica del resto del concierto.
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