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La lenta destrucción de la cultura

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La lenta destrucción de la cultura
La lenta destrucción de la cultura  

LOTHAR SIEMENS MUSICÓLOGO Jamás pensé que la insensibilidad hacia las iniciativas culturales de la sociedad fuera tan enorme entre los políticos responsables de la cultura. No les interesa saber, ni el diálogo, ni las iniciativas ciudadanas, ni el estado en que se encuentra lo que se ha organizado desde hace muchísimos años, sino el majo y limpio, el decreto que te deja pasmado, la imposición de lo que nadie pide ni quiere. Tamaña prepotencia, contra la que no hay más apelación que el pataleo o la resignación, va destruyendo poco a poco nuestra cultura heredada y abortando las iniciativas del presente: es el declive de El Museo Canario, el del Festival de Música de Canarias y ahora el del Conservatorio Superior de Música, entre otras muchas cosas. Todo quiere hacerse de otra manera, quita tú lo tuyo para yo poner lo mío. Y venga a hacer nuevos equipamientos culturales que no son sino edificios vacíos de contenido para que en ellos surja la idea genial que transformará el mundo, mientras se deja que se pudra lo que había. ¡Qué estupidez!

Yo, a mi manera y por libre, soy un hombre que dedica sus tiempos de ocio a la cultura que yo entiendo. Hago cosas y organizo cosas, sin pedirles nada a las instituciones, como si no existieran. El vivir al margen de ellas me hace feliz. Que no se metan en mis proyectos. Pero si me llaman para ayudar en algo, normalmente acudo con mi mejor voluntad, y digo lo que siento (lo cual no siempre gusta). Así las cosas, tiene uno el sentimiento de estar cada vez más cercado por la dictadura cultural de quienes no entienden ni una papa de Cultura.

No me voy a extender en muchos desatinos, que los hay, sino en el último: el desmantelamiento del Conservatorio Superior de Música de Canarias mediante unas exigencias de ratios que lo harán inviable. Sólo diré que empezar por desmantelar sus partes no es sino el principio de la destrucción total. Se cargan las enseñanzas de composición en un centro que tiene profesores de esa especialidad (Zoghbi, Roca, Vega, Bonino) cuyo talento es la envidia de otros conservatorios de España. Un centro que en una década ha producido en Gran Canaria un cúmulo de creadores que, medidos en ratio, que es lo que se lleva, es muy superior al de los que salen de conservatorios de poblaciones veinte veces mayores en número de habitantes que Las Palmas de Gran Canaria.

No se olvide que la historia se escribe en base a quienes generan patrimonio, y Canarias, en este principio de siglo, ha generado una eclosión de creadores cuyas obras, en este caso musicales, tienen demanda ya fuera de aquí. Los que han emigrado, como Juan Manuel Marrero en París, Juan Manuel Ruiz en Madrid o Nino Díaz en Barcelona, están integrados en unos mundos culturales que funcionan. Víctor Landeira salió de nuestro conservatorio y se estableció en Holanda, y triunfa en Amsterdam, y Daniel Real se fue a Alemania y en estos días, por ejemplo, le estrenan una obra en Boston.

Los que aquí quedan, que son muchos, lo tienen dificilísimo. Se acogen a asociaciones de compositores como Cosimte en Tenerife y Promuscan en Gran Canaria, iniciativas que jamás han pedido una subvención ni quieren pedirla. Sólo Promuscan ha estrenado en estos últimos 11 años, sin apoyos de ninguna clase, en torno a doscientas obras, algo que no había ocurrido aquí a lo largo de toda la historia. Su actual presidenta, Laura Vega, como bien se sabe, pesa ya mucho a nivel nacional y su obra ha transitado por varios países de Europa.

Por iniciativa de los canarios de Las Palmas y de los catalanes de Barcelona se ha constituido la federación ibérica de asociaciones de compositores, que celebrará próximamente su tercera reunión en Murcia y más tarde lo hará en Las Palmas de Gran Canaria, acogidos por el Gabinete Literario. El grupo de compositores de Murcia ha pedido propuestas a las diferentes asociaciones para solemnizar su reunión con un concierto de siete u ocho estrenos. Vistas las propuestas llegadas de toda España, de las tres piezas remitidas por Promuscan para seleccionar eventualmente una, han seleccionado DOS, porque son todas muy buenas, de las mejores. Y los compositores son Aga Umpiérrez, de Fuerteventura, y Ernesto Mateo, de Gran Canaria: jóvenes creadores recientemente emanados de las clases de composición de este Conservatorio Superior nuestro, cuya especialidad para la creación hay que eliminar ahora, según los calculistas de la política, no se sabe por qué razón merecedora de respeto.

Nefasta medida. Ocho óperas han compuesto nuestros compositores de Canarias en lo que va del nuevo siglo. Las mías y la de Falcón han sido estrenadas. Las mías, más modestas, llevan lentamente una buena andadura fuera de aquí, sin apoyos políticos locales, afortunadamente. En Tenerife duermen sin esperanza las de Francisco González Afonso y las de Arístides Pérez Fariña, compositores veteranos y muy respetables, de los que nadie habla porque la "Cultura" no los respeta, los desconoce. ¿Cuándo sobrevendrá una política que se interese por lo que pasa en nuestro mundo y que facilite que todo funcione con un mínimo de apoyo, siquiera logístico? No tenemos en Las Palmas de Gran Canaria un museo donde se muestre el arte de nuestros pintores y escultores a lo largo de la historia, oferta que interesaría muchísimo a propios y extraños. El famoso REF no facilita que nuestros artistas plásticos canarios muevan sus obras por el ámbito europeo en las mismas condiciones que los restantes artistas que habitan, como los nuestros, el llamado "espacio común europeo": todos son trabas insensatas y dificultades, las mismas que ahogan el crecimiento del Puerto de la Luz, uno de los pilares de nuestra economía. La cultura que nos caracteriza, según se describe en el mismo REF, está redactada y descrita por un ignorante que no sabe nada del asunto, y leer aquello es como para partirse de risa o para echarse a llorar?

David se matriculó este año en composición y, tras unos cuantos meses de indefinición e incertidumbre, le han cortado definitivamente los pies para que no pueda estudiar aquí, mientras los profesores siguen ahí activos pero con la orden de no dar clase a nadie, es decir, de permanecer inactivos. ¿Qué desmadre es este? ¿Estamos locos?

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