1 En el rostro llama la atención, en primer lugar, cómo la curvatura de la frente de La Gioconda de Leonardo es coherente con el volumen, mientras que en la copia está pintada prácticamente como línea. Por otro lado, las cejas casi no se perciben en la obra original, pero están muy marcadas en la copia y que provocan una desproporción.
2 La forma del pliegue de la tela que lleva La Gioconda en el hombro izquierdo aparece en un tono claro en la pintura del discípulo, pero en la de Leonardo es un tono oscuro muy sutil, ya que todo ese lado es una sombra continuada. Aquí, nuevamente se comprueba la diferencia entre la genialidad y el simple oficio, ya que el toque blanco y claro de la copia evita el protagonismo del rostro.
3 El esfumato es otro elemento importante en el resultado de la obra. En su cuadro, Leonardo lo utiliza como una neblina que envuelve toda la imagen para crear perfiles más diluidos que fusionan con el espacio. Sin embargo, en la versión que realiza su discípulo no se utiliza o no se logra como en la original.
4 Las manos del personaje también muestran diferencias entre ambos cuadros. Por un lado, las del cuadro de Leonardo están en una semipenumbra, son unas manos que se sacrifican para dar protagonismo al rostro y al pecho, pero en la copia son de mayor grosor y luminosidad y están compitiendo en protagonismo con el rostro.
5 La tela que cubre el pecho es muy diferente entre ambas obras. La de la copia está excesivamente inclinada y rompe con la armonía de la composición, que no llega a la exquisitez de la original. Los perfiles, en general, son más duros y gruesos en la obra del discípulo que en la propia del genio florentino.