LA PROVINCIA/DLP
El Edificio Ponce de León descubre hasta el 23 de marzo la producción fotográfica de la artista alemana Germaine Krull con una serie de 24 fotograbados de desnudos que se publicaron por primera vez en 1930. Buena parte de estos trabajos sirvieron como ilustración de publicaciones naturistas y científicas de la época.
Germaine Krull empezó a fotografiar desnudos, femeninos preferentemente, en Berlín al comenzar la década de los 20 del pasado siglo, y muchas de esas imágenes ilustraron publicaciones científicas y naturistas. Había tenido una educación tolerante y un tanto heterodoxa que no coartaría sus hábitos e inclinaciones masculinas, lo que le dio el temple del varón para cuanto afrontó en la vida. Instalada en París, donde abrió su estudio en 1926, se casó con el director de cine Joris Ivens cuyos trabajos para el documental El puente (1928) despertarán en ella la fascinación por una materia insólita: el paisaje industrial. Germaine Krull lo elevará a la condición de obra maestra en su libro Métal (1928). Durante los siguientes años practicará el fotoperiodismo, visitando Madrid al proclamarse la II República. En París se relacionó y fotografió a la élite intelectual francesa (Valéry, Gide, Malraux, Morand, Cocteau, Colette, etc), además de artistas y creadores, como Jean Renoir, Eli Lotar, Robert y Sonia Delaunay, entre otros.
En 1930 edita el portafolio Étude de Nu, con 24 fotograbados de desnudos, en cuyo texto de presentación va a intentar explicar qué significa para ella la fotografía y quién es el verdadero fotógrafo, aunque la finalidad de sus palabras fuera aclarar por qué hacía desnudos. Para Krull, el fotógrafo es "testigo de su época", aunque tacharan su obra de "sátiras de pornografía lesbiana".