HOY POR HOY JOSÉ HERNÁNDEZ
Una vez más, y ya son demasiadas, Javier Vidales ha demostrado que el banquillo de la Unión Deportiva Las Palmas le viene muy ancho. Y lo peor es que en sus manifestaciones ante la prensa demuestra que es desconocedor total y absoluto de un club que ha sido el referente del fútbol canario durante décadas. ¿Cómo puede decir Vidales que si el sábado fuera el presidente del club echaría al entrenador? No vale aquello de que le honra su sinceridad. Esto, en el fútbol profesional, es una tontería como una catedral. Como lo fue el día que deseó ir disfrazados de drag queen al Heliodoro para el derbi. La verdad es que las tonterías que dice este hombre lo desacreditan para que Miguel Ángel Ramírez lo continúe manteniendo en el banquillo. Frases como "maldigo la hora en la que dije que jugaría con un 4-4-3", "nos vamos a salvar con la gorra", "los gemelos saldrán al campo como animales", "es una bendición que Márquez venga a entrenar todos los días", o en los mismos días previos al encuentro con el Éibar, cuando pronosticó que el equipo armero vendría al estadio de Gran Canaria "con bazucas, granadas y dinamita". Vamos, que mayores disparates no han salido de la boca de un entrenador de la UD Las Palmas en sus sesenta años de historia.
Por un lado tenemos al presidente pidiendo disculpas a la afición por el ridículo que los jugadores han hecho sobre el césped y, por otro, al entrenador asumiendo la responsabilidad del descalabro, además, con palabras de muy mal gusto, que está bien que las exprese entre sus amigos o tomando una cerveza en un bar, pero no ante unos micrófonos dirigiéndose a unos aficionados que salían del estadio molestos por una derrota y por un juego insufrible. Si usted, señor Vidales, no se ve con fuerza para mostrarse con decoro y con el aplomo que se necesita para ese cargo, lo más coherente es que presente su carta de dimisión, porque en esa casa amarilla hay técnicos cualificados que son capaces de sacar lo que queda de este proyecto adelante. Y no como hace usted, al que le recuerdo aquella frase suya también lapidaria refiriéndose a la afición: "Es como un perrillo que ha sido maltratado y va todo el tiempo con el rabo entre las patas". De pena, señor Vidales.