M. B. - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
El bicampeón olímpico y abanderado español en Atlanta 1996, Luis Doreste, no titubea en subrayar que sin duda "esta ha sido la victoria más importante de mi carrera deportiva". "Aún la saboreo porque rememoro cada uno de los momentos que vivimos, desde que llegamos a Los Ángeles hasta que regresamos a casa con la medalla", recalca. Su recuerdo más emotivo fue "la llegada a Gando. Fue una recepción extraordinaria. En otras ocasiones habíamos vuelto con algún título, pero esa vez se desbordaron cualquiera de nuestras previsiones. Había allí gente de todos los lugares de Gran Canaria y, cuando llegamos al Náutico, otra impresionante marea humana nos esperaba".
Luis Doreste revive aquella prueba y explica que resultó determinante "la quinta regata". "Las tripulaciones de EEUU y Nueva Zelanda habían salido muy justas. Detrás íbamos nosotros", relata Doreste. "Durante toda la prueba navegamos con la incertidumbre de que podíamos estar descalificados y los últimos metros antes de llegar a la línea de meta lo pasamos muy mal pensando que todos estábamos fuera. Fueron insufribles. Sin embargo, ellos pasaron primero pero el disparo sonó cuando lo hicimos nosotros. Habíamos ganado la regata y prácticamente teníamos el título en nuestras manos. Vivimos unos momentos de euforia muy bonitos porque en la siguiente prueba sólo teníamos que controlar a los rivales". "Ganamos la medalla de oro porque hicimos un buen equipo", señala Doreste. "Sancochito funcionó a un alto nivel. Roberto realizó un gran esfuerzo físico durante las pruebas e incluso en tierra, mi hermano Noluco -el navegante reserva- nos animaba y ofrecía muy buenos consejos".
"Me di cuenta de inmediato de lo que habíamos hecho", advierte. "Llevamos el deporte canario a lo más alto y nos convencimos de que nuestra vela podía alcanzar las más altas cotas. Ese oro supuso un paso importante para nosotros y para los logros posteriores".