M.B. - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Luis Doreste y Roberto Molina bautizaron con el nombre de Sancocho al 470 con el que iban a competir en los JJ OO de Los Ángeles. Se decidieron por este velero porque el otro que estaba a disposición, fabricado en Holanda y que era teórico titular del dúo, "tenía las medidas muy justas y corríamos algún riesgo ante los jueces", recuerda Doreste mientras pasa unos días en Francia con su familia.
Sancocho zarpó a la mar con energía y fue el tercer campeón de aquella gesta que rebosa sabor canario. La propiedad de la nave era de los dos tripulantes isleños pero en 1986, una vez separada la pareja, la titularidad de la embarcación pasó a Roberto Molina que ya ejercía aún en la clase 470 con el balear Jordi Calafat. La necesidad de cambiar de casco y la falta de ayuda institucional, como ocurre en la actualidad, llevó a que Sancocho fuera objeto de venta: "Creo que se traspasó por unas quinientas mil pesetas y el nuevo propietario era un chico que empezaba a navegar en el Club Marítimo de Barcelona, cuyo nombre no recuerdo", afirma Molina.
De Sancocho se fue perdiendo la pista. Alguna vez, en la década de los noventa, fue visto por el propio Luis Doreste en el puerto deportivo de Barcelona. La última noticia sobre este barco la captó, a petición nuestra, Molina: "Por supuesto ya no se llamará igual. Y me han dicho que después de varias ventas, la última vez que lo vieron fue con un particular, en Arenys de Mar".
Sancocho es esa joya histórica del deporte canario que está en paradero desconocido.