MANUEL BORREGO
Las Palmas cumplió en su presentación. Se mostró ante el Málaga como un conjunto ordenado y combativo, que presionó incesantemente a su rival para llevarle a cometer errores. Álvaro Cejudo y Rondón fueron los firmantes de una victoria que no deja de ser anecdótica, pero que despierta la esperanza ante el inminente comienzo de la Liga.
El equipo de Kresic despidió la pretemporada con buena cara. Aún su maquinaria debe engrasarse, pero el orden y la agresividad son dos condimentos indispensables que, desde el comienzo, pretenden estar presentes en la Liga. Y, además, algunos de sus jugadores confirman el aire fresco que llega al juego del equipo. Aparece el más vertical y luchador David González que recordamos. El desconocido Álvaro Cejudo tuvo abundante participación, sin brillantez pero con una eficiencia que conquistó la ovación del graderío. Jorge gana libertad de movimientos para desprenderse de las cadenas del doble pivote. Y Rondón, rápido e intuitivo, reivindica al técnico un papel de mayor calado en este proyecto.
Todo ello y lo que falta por consolidarse ha de meterlo Kresic en un cóctel para mejorar la producción de un equipo que aspira a meter la cabeza en la zona noble de la clasificación. Aunque si algo merece destacar de la actuación de ayer es la confirmación de que Las Palmas está convirtiéndose en una roca impermeable. Esa labor colectiva para defender la portería de Pindado cegó los intentos del Málaga, que en momento alguno del amistoso acarició el gol. El meta abulense, a la espera de la llegada de un compañero de demarcación, disfrutó de una velada tranquila, porque sus compañeros hicieron que todo un Primera pasara ayer por el Gran Canaria sin pena ni gloria.
La puesta a punto ha llegado así a su fin. La victoria es una noticia siempre bien recibida, máxime cuando se conquista manejando fundamentos colectivos que son útiles en la categoría. Pero el partido que de verdad tendrá valor es el sábado próximo, contra la Real Sociedad.