ALBERT CANO / BARCELONA
"Tuve que hacerme el muerto para sobrevivir", confesaba Joan Laporta en una entrevista reciente, para explicar su actitud ante las amenazas personales que recibió en el ejercicio de su cargo."Una habilidad muy útil en política. Tal vez alberga ambiciones...". "No tengo ambiciones, pero sí inquietudes", concluía el mandatario azulgrana.
Afirmaciones de este calibre y su presencia, acaparando el protagonismo mediático, durante la última manifestación independentista del 11 de septiembre (fecha en la que se conmemora la derrota de Cataluña ante las tropas borbónicas de Felipe V, en 1714) han disparado las alarmas en los principales partidos del arco parlamentario catalán.
Inicialmente, tanto Esquerra Republicana como Reagrupament.cat (escisión de ERC encabezada por el ex consejero de Gobernación Joan Carretero, que pretende presentarse a las elecciones autonómicas de 2010) lanzaron el anzuelo a Laporta, al afirmar que se mostrarían encantados de contar con él en sus filas o, incluso, de que le cederían el liderazgo electoral (caso de Carretero), si Laporta optara por dar el salto a la política.
Hasta ahora, el afectado ha respondido con ambigüedades y tan sólo ha manifestado que, precisamente, se siente próximo a la plataforma de Carretero (cuyo único objetivo es conseguir la mayoría absoluta en el Parlament catalán para, desde allí, proclamar la independencia; acto seguido, su plataforma se disolvería). Pero ha puesto de los nervios a (casi) todos los demás, puesto que su irrupción podría alterar el mapa político catalán. Sin ir más lejos, según una prospectiva encargada por la patronal catalana, una candidatura de Reagrupament encabezada por Laporta obtendría tres diputados sobre 135; otros sondeos, sitúan en un mínimo de siete los escaños a obtener por los independentistas.
Prueba de la inquietud con la que se han acogido las intenciones de Laporta han sido los mensajes que (directa o indirectamente) le han enviado formaciones que manejan el cotarro catalán. Así, el periodista Jordi García Soler (cercano al PSC) asimilaba la ideología de Carretero-Laporta con Umberto Bossi, "partidario de un neoliberalismo extremo y posiciones xenófobas" respecto a España. Otros, como el periodista Enric Marín (próximo a ERC, tras ocupar un cargo a propuesta de esta formación en el primer tripartito) o el líder de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, lamentaban que Laporta aprovechase su posición como presidente del FC Barcelona para proyectarse políticamente.
EL FUTURO DE CDC. Y es que esta última formación (en concreto, Convergència Democràtica) también podría ser el destino del controvertido presidente azulgrana. Vinculaciones no le faltan. Durante la última etapa de su mandato, Laporta se ha rodeado de personas procedentes de la Fundació Catalunya Oberta, un think tank liberal y nacionalista, impulsado por el que fuera secretario general de la Presidencia de la Generalitat con Pujol, Lluís Prenafeta. De su patronato forman parte el economista Xavier Sala-i-Martín (aspirante apoyado por Laporta para sucederle en el Barça); el actual director general del club, Joan Oliver (director de TV-3 en los últimos años de Pujol al frente de la Generalitat y organizador el "escándalo de los espías") o Vicent Sanchis, ex director del diario nacionalista Avui y actual responsable de Barça TV.
Pese a las reticencias o incomodidades mostradas por cuadros de CiU ante la posible irrupción de Laporta, ofertas no le habrían faltado. Según El Confidencial Digital, el dirigente azulgrana habría sido sondeado antes del verano como posible sustituto de Xavier Trias (líder de la oposición municipal en Barcelona) al frente de la candidatura de CiU para las municipales de 2011.
Verdad o no, lo cierto es que en CDC se vive un clima de última oportunidad (lo que juega en interés de Laporta). En ambientes políticos catalanes se da por supuesto que el líder de CiU, Artur Mas, tendrá su última ocasión para acceder a la presidencia de la Generalitat el próximo año (sería su tercer intento). En caso de reeditarse el tripartito, podría abrirse una crisis de liderazgo en la coalición nacionalista.
Líder mediático. En ese sentido, el periodista Alfons Quintà publicó recientemente sendos artículos en Diari de Girona (periódico que pertenece al mismo grupo de medios que este diario) donde informaba, de fuentes de la propia CDC, sobre el enfrentamiento soterrado entre la línea oficial del partido y un denominado "sector de los negocios". Este último grupo estaría inspirado por el hijo mayor del ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol Ferrusola (que apoya a Jaume Ferrer, vicepresidente del Barça, como sucesor de Laporta). Y su presunto objetivo sería evitar que Mas accediera a la Generalitat y colocar al frente de CDC a alguien más cercano a sus intereses (como podría ser el actual portavoz convergente en el Parlament catalán e hijo del ex presidente, Oriol Pujol). De lo contrario, el citado sector es consciente de que, con Mas en la Generalitat, tendría escasa influencia en sus decisiones.
Por todo ello, Joan Laporta podría pescar en el río revuelto con que amenaza convertirse la política catalana durante los próximos meses. No debe olvidarse que, junto a la posible aparición de nuevas formaciones, capaces de fragmentar más el Parlament (caso de los citados independentistas de Reagrupament; o de la Plataforma Per Catalunya, formación con discurso antiinmigración, que ya ha logrado representación a nivel municipal; o de la UPyD de Rosa Díez, que podría absorber el voto de Ciutadans) se sumará un probable agravamiento de la crisis económica en curso (con cifras de paro que podrían superar el 20% en Cataluña).
Este panorama, unido a la desafección de los catalanes hacia su clase política tras el fatigoso proceso del Estatut (pendiente de sentencia del Tribunal Constitucional), crearía el caldo de cultivo para la aparición de un líder mediático, polémico, triunfador en lo deportivo y con barniz patriótico, capaz de agrupar a buena parte del descontento existente en el catalanismo. ¿Será Joan Laporta el Silvio Berlusconi cuatribarrado?