PACO CABRERA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
La mística de Sergio Kresic ha quedado reducida a cenizas. El efecto mimético, el encanto del arquitecto perfecto se agota tras el último resultado. La grada del Estadio de Gran Canaria, tras el cambio de Álvaro Cejudo por Samuel -un movimiento con aroma defensivo con el 0-0 en el electrónico ante un recién ascendido como el Villarreal B- fue interpretado como un gesto de cobardía. Fue la gota que colmó el vaso. Sin embargo, este cambio es solo la punta del iceberg.
Armiche ha dejado el ostracismo para convertirse en el revulsivo ante Castellón y Real Betis. Hoy se quedó en el banquillo. Lamas, tras dos despistes ante el Castellón, es fijo en la grada. Su estigma goleadora ya forma parte del pasado. Samuel, ante el Cartagena, fue el centrocampista destructor. Rondón, tras un inicio deslumbrante, también navega en el anonimato. El potencial decrece y los movimientos de Kresic no dan resultado.
La propia emisora del club se ha convertido en el detractor más ácido del exponente del nuevo orden amarillo. Sin estética y sin resultados, Kresic se ha quedado solo. La victoria ante el Cádiz se tilda fundamental para dar alas a un proyecto que sigue sin despegar. La salida del croata y su cuerpo técnico rondaría los 600.000 euros. El icono de la aventura más ambiciosa de Miguel Ángel Ramírez está bajo sospecha. "Yo siempre mantengo los entrenadores hasta que ya es irreversible", manifestó el directivo. El terremoto mediático se desmelena. "Ha perdido el juicio", reflexiona un aficionado sobre el mito viviente que llevó a la UD a Primera División hace 9 años.