MANUEL BORREGO
Eugenio Die Lorenzo se ha convertido en el cuarto canario que cruza en solitario a vela el océano Atlántico. El navegante lanzaroteño invirtió 18 días y 10 horas en conectar la Marina Rubicón de Playa Blanca con la isla caribeña de Santa Lucía, donde arribó en la noche del miércoles. Die Lorenzo no participó con las embarcaciones de la Regata ARC aunque "durante mucho tiempo estuve acompañado por la mayoría de estos veleros. Ya ha alcanzado meta la mitad de la flota (hasta ayer, 150 barcos) y aún quedan por llegar muchos más".
El lanzaroteño está a punto de cumplir los 38 años de edad y es licenciado en Derecho. Ha seguido los pasos de los grancanarios Rafael del Castillo (que hizo la travesía en 1994, aunque con escala en Cabo Verde), Francisco Jiménez (el primero en hacerlo ida y vuelta) y el tinerfeño Eloy García. Afirma Eugenio Die que "las condiciones de viento han sido muy buenas, pero no las de mar, que fueron muy incómodas. He vivido estos 18 días en tensión porque el riesgo de la travesía es caer al mar ya que no hay posibilidad de regresar al barco. Mucha gente que toca el agua muere arrastrada por su propia embarcación sin posibilidad de volverla a dominar. Durante todo este tiempo he estado atado", prosigue, "y los peores momentos los pasé por las noches, porque me instalé en la bañera del barco para tripular desde esa posición ya que no tenía previsión de nada en la oscuridad. Para colmo, durante la noche hubo muchas jornadas de lluvia, lo que dificultó más la navegación".
El velero de Die Lorenzo es el Arwik, de 11 metros de eslora, modelo Baltic 38. Lo dejará atracado en Santa Lucía hasta el mes de mayo, para recorrer entonces la ruta de regreso "cuando vuelva la temporada de alisios. Ahora es imposible hacerlo aunque hay gente que lo ha intentado".
Sus únicos acompañantes en el viaje fueron "delfines. No vi ningún bicho raro. Pesqué dos dorados y otros tres se escaparon, porque el barco iba muy rápido a causa del buen viento". Afirma que ahora comprende la soledad de Tom Hanks en la película Náufrago, cuando acabó hablando con un balón de voleibol llamado Wilson: "La falta de diálogo con alguien es lo único que eché en falta. A eso nunca nos acostumbraremos".