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MANUEL BORREGO El día del "Arriba d'ellos" de Kresic, con motivo de la presentación oficial de la temporada, se registró una promesa pública del entrenador en nombre de sus jugadores. Aseguraba que aquellos soldados que tiene a sus órdenes iban a dejarse la piel en el empeño de luchar por el ascenso. No dio garantías de éxito, pero sí de estar en el vagón de los candidatos.
Tres meses después los acontecimientos se han empeñado en demostrar que aquellas palabras estaban vacías de contenido, que a espaldas del técnico no se secundaba la consigna y que el matrimonio entre el estratega y sus reclutados con los aficionados despide 2009 convertido en cenizas. La ilusión del comienzo aparece ahora como un cruel recuerdo.
Varias escenas presenciadas en el partido contra el Celta reflejan el progresivo deterioro y no pueden pasar inadvertidas: el juego insípido de los amarillos es alarmante, el nihilismo anímico de algunos jugadores es además un insulto y el abandono de las gradas en plena batalla tiene que llevar al consejo a un debate muy intenso porque hay ciclos que se aproximan a su final.
Pero nunca el de los aficionados.
La desbandada en el Estadio de Gran Canaria no es un hecho insólito en el sexagenario club. La habíamos visto en otras ocasiones porque la huida del público es un refugio para no sufrir. Y de eso sabe mucho la hinchada de la UD Las Palmas. Kresic, sin embargo, ha de precisar bien la dirección de su mensaje cuando dice que hay que convencer a los aficionados para que regresen. Si el deseo no está acompañado con hechos no tendrá validez. Sin embargo, su verdadero reto es llevar al vestuario un discurso capaz de reactivar a una plantilla que en un tercio del calendario ha dilapidado el crédito que tenía incluso entre sus incondicionales.
Y -perdonen el dramatismo-, el sábado sentimos vértigo al culminar el encuentro. En las dos campañas en que la UD Las Palmas acabó con sus huesos en la Segunda B (1991/92 y 2003/04) inició aquellas ligas con plantillas notables y promesa institucional de ascenso, esa maldita palabra. Aquellos proyectos se fueron deshilando día a día; perdieron primero la consistencia clasificatoria y el abrigo popular después. Por eso, lo que ocurre en el actual campeonato transita ya por un sendero muy peligroso porque tampoco se aprecian síntomas de recuperación.
Los hechos puntuales maquillan a veces la realidad. Una lesión importante, un mal bote, una decisión arbitral... todo cuenta. Pero en la UD Las Palmas pasa algo más y tiene una carga de profundidad mayor de lo que hablan sus protagonistas. Decía Lincoln que "se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos durante algún tiempo. Pero no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo". En ese último escenario debió sentirse el grueso de la afición que el sábado no acudió al Estadio o, en amplia mayoría, se mandó a mudar hastiada a diez minutos del final.
Con el nuevo año tendrán que mirarse a la cara en ese vestuario y decirse toda la verdad para que las sensaciones y la motivación del inicio de la Liga vuelvan. Porque, de lo contrario, este volcán está a punto de reventar.
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