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MIGUEL F. AYALA. Hay diferencia entre blancos y negros? ¿Entre viajar en avión o en barco? ¿En que mueran 154 ó 160 personas en un accidente? Todo esto y más pasó por la cabeza del periodista grancanario José Naranjo el 20 de agosto de 2008 cuando un vuelo de Spanair con destino a Gran Canaria se estrelló en Barajas, cobrándose 154 víctimas. A él le había arrastrado a Senegal, donde conoció el accidente español, una tragedia no muy distinta a la del JK 5022: la muerte de 160 jóvenes cuyo cayuco había sido devorado por el mar en algún punto entre África y Canarias. Pero también le había empujado al continente africano una especie de deuda moral ante la escasa importancia que los medios de comunicación regionales y nacionales habían prestado a la mayor tragedia de la inmigración en España, algo que le confirmó el despliegue con que se estaba tratando el accidente aéreo.
Aquel naufragio dejó una huella imborrable en Pepe Naranjo Noble. Tanto, que le ha dedicado casi un año y medio de su vida y un libro, Los invisibles de Kolda, donde recupera la historia de muchos de los chicos de entre 15 y 30 años que viajaban en el cayuco pero relatadas por sus padres, hermanos y amigos en Senegal, a donde se desplazó junto al periodista Magec Montesdeoca en un viaje que fue difícil y complicado, pero que no se puede comparar en dureza al que realizaron los jóvenes que viajan en esos inestables cayucos.
LA PROVINCIA, periódico para el que trabajaba Naranjo, y Cadena Ser fueron de los pocos medios que trataron convenientemente en octubre de 2007 el naufragio y Pepe mantuvo retenida en su cabeza aquella desgracia hasta que meses más tarde, "porque las historias", dice el periodista, "nos buscan a veces a nosotros, no nosotros a las historias", conoce en un congreso sobre inmigración en Cuenca al senegalés Omar Djallo, integrante de Yaarama, una organización benéfica, y le cuenta que los fallecidos en aquel cayuco eran todos de la región de Kolda, en el sur del país, y que eran muy jóvenes.
OTRA ÁFRICA. "Había que ir allí". José Naranjo lo tuvo claro y se embarcó en una aventura que le llevó durante diez días del norte al sur de Senegal y les obligó a atravesar Gambia, cruzar un río en transbordador con el coche, tratar con policías corruptos, ser acribillados por los mosquitos o soportar un calor y una humedad asfixiantes.
La África que conocieron los dos periodistas canarios dista mucho de la que Isaak Dineses retrataba en sus libros. Senegal es un país precioso, de muchos contrastes, pero muy pobre. "Pobres aunque con mucha dignidad y sin necesidad de mendigar porque todos tienen algo de comida pues se dedican a cultivar la tierra", cuentan Naranjo y Montesdedoca, que alcanzaron Kolda tras 15 horas en coche, a veces por carretera y la mayoría por caminos casi borrados. Allí conocen a Suleiman Diack, director de Radio Televisión Senegal en la región, otro pilar en esta aventura que les dice que desde la radio que dirige y durante dos días, se leyeron por radio, ya que la mayoría de la población es analfabeta, 80 necrológicas de los chicos que habían fallecido en el cayuco.
Fue probablemente ésa la primera vez que José Naranjo le ponía nombre a los chicos que habían habitado su cabeza durante meses. Todavía hoy, durante la entrevista, muestra las fotos de aquella libreta donde venían los datos de los fallecidos en la embarcación. Era lo que buscaban "pero al principio lo que pretendía era hacer un reportaje, no escribir un libro", explica Naranjo. "Hubo quien no lo consideró importante para publicar hasta que Editorial Península conoció el proyecto y ofrece que se haga algo más extenso con el material que había recopilado".
Entre esa información estaban las conversaciones que durante muchas tardes mantuvo en al menos 20 aldeas de la región de Kolda, "poblados pequeñitos donde vivían 200 ó 300 personas" y que les recibieron siempre "con mucho cariño y con mucha sorpresa porque no entendían como un tío blanco se plantaba en su casa para interesarse por su ser querido, preguntando sobre su existencia y sobre lo que sucedió aquellos días previos al naufragio del cayuco", agrega el autor de Los invisibles de Kolda, que incluye el trabajo fotográfico de Magec Montesdeoca.
Todo se iba dando bien entre las familias, había material para trabajar y quizá por eso a Naranjo y Montesdeoca les sorprendió descubrir un día a Mamadou Balde en una de las pequeñas aldeas que visitaban. Balde, para su sorpresa, iba a viajar en el cayuco que naufragó pero finalmente no pudo embarcar.
"Tenía apuntado a bolígrafo en un almanaque", recuerda el autor del libro, "el día que los chicos del pueblo y él habían salido con destino a la lejana costa y el día y el mes en que zarpaba, desde la desembocadura del río Casamance la embarcación con destino a Canarias. Ya teníamos la mayoría de las identidades, sus historias, sus familias y por fin cerrábamos que el accidente había ocurrido algún día de abril de 2007".
Ya de regreso, con la obra publicada y ante una botella de agua bien fría Magec y Pepe continúan bromeando sobre algunos episodios como las lipotimias de uno y las picaduras del otro, o sobre los llantos de los pequeños de las aldeas cuando les veían "porque probablemente éramos los primeros blancos que conocían pues no tenían televisión", cuentan sobre otra parte del viaje que también merece otro libro.
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