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CARMEN SANTANA Una dieta equilibrada, con suficientes vitaminas frescas y hasta con un plus de alimentos probióticos (como los contenidos, sobre todo, en algunos conocidos lácteos), junto al ejercicio físico, son la clave para hacer frente a las exigencias que el cambio de estación y la llegada del otoño, primero, y el invierno, después, implica para el sistema inmunitario. En el caso de la población infantil esas exigencias, si cabe, se multiplican en razón de su etapa de crecimiento y por una mayor vulnerabilidad a enfermar.
La vuelta a las aulas de los escolares dentro de una semana tiene este curso, al margen de las cuestiones estrictamente académicas, la expectativa acerca de la incidencia de la pandemia de gripe A en los centros de enseñanza.
Junto a las medidas de higiene que vienen reiterando las autoridades sanitarias para evitar el contagio, otras acciones, no de menos importancia, están en manos de las familias para hacer frente a las infecciones que acechan a los infantes y los adultos durante la época invernal.
"Para pasar un buen invierno, desde el punto de vista inmunológico, es preciso que haya habido un buen verano alimenticio", afirma María Jesús Fernández, especialista de la Sociedad Canaria de Nutrición.
Se trata de incrementar y tener a tono las inmunoglobulinas (los anticuerpos o defensas del organismo que combaten virus, bacterias y las sustancias que dañan la salud) para hacer frente a una estación del año propicia a las infecciones, entre ellas la del virus gripal. "No hay una alimentación determinada para prevenir la gripe A", señala Fernández. "Sí hay que seguir las mismas recomendaciones que para la gripe estacional y los catarros. Los niños tienen que estar muy bien hidratados e ingerir las suficientes dosis diarias de vitaminas, sobre todo la C". En este sentido, la experta sostiene que las cinco piezas de fruta al día son vitales para completar una dieta variada que refuerce el sistema inmunológico.
HAMBRE OCULTA. La Organización Mundial de la Salud (OMS) denomina como "hambre oculta" la carencia de vitaminas y minerales esenciales en la dieta, que son ineludibles "para potenciar la inmunidad y un desarrollo saludable".
"La alimentación no previene las infecciones, como la de la gripe, ni puede combatirlas. Pero tener unos hábitos nutricionales sanos, con la ingesta de vitaminas provenientes de frutas, verduras, y pescados y carnes frescas es importante", explica Mónica Belinchón, médico del grupo de trabajo de Nutrición y Diabetes de la Sociedad Canaria de Medicina Familiar y Comunitaria (Socamfyc) y del grupo de la Sociedad Española homónima.
"En Canarias hay cierta tendencia a tomar muchas vitaminas envasadas. Pero es mejor tomarlas frescas, de los propios alimentos que las contienen". Y, de ellos, los nutrientes que potencian las defensas del organismo. "Está claro que la malnutrición provoca alteraciones en el sistema inmunológico. Pero en nuestro medio el problema es la obesidad, que también origina trastornos", señala Luis Peña, presidente de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. El especialista coincide en que la dieta equilibrada "no va a prevenir la gripe, pero sí puede hacer que tenga un impacto leve en el niño sano, que puede ser contagiado, como cualquier adulto".
Con todo, Peña recuerda que la necesidad de la correcta nutrición en los niños es una exigencia no sólo estacional, para dar respuesta a las infecciones víricas, sino sobre todo para garantizar un desarrollo saludable en los menores y evitar enfermedades sí vinculadas a la mala alimentación. Por eso, y reconociendo las deficiencias en los hábitos de nutrición en una parte importante de la población, Peña insiste en la observancia de las reglas de oro de la buena alimentación infantil.
Leche, cereales (entre los que se incluye el gofio) y frutas (sólidas o en zumos frescos) son básicos en el desayuno en el que los padres no pueden saltarse el tiempo dedicado a la comida. "Como mínimo 10 minutos, sentado a la mesa y acompañado". Esta comida se completa con el almuerzo, tras cuya finalización el menor debe haber ingerido el 55 por ciento de sus necesidades calóricas diarias. El propio Peña es autor de la guía Alimentación del preescolar y escolar en la que desmenuza todas las indicaciones y pautas a seguir por profesionales y progenitores (www.gastroinf.com).
Si a los requerimientos de la dieta equilibrada se le quieren sumar otros alimentos, mucho mejor. "Los probióticos tienen una gran capacidad saludable", destaca el médico. El yogur y las leches fermentadas (los más conocidos) contienen bacterias ácido-lácticas y tienen efectos muy beneficiosos como contribuir al equilibrio de la flora intestinal y potenciar el sistema inmunológico.
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