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JORGINA DORESTE SANJURJO

´Nos citaron en la BBC y a los dos días vinieron unos grises´

Hija de Luis Doreste Silva, diplomático isleño y secretario de la Embajada de España en París en las etapas en que la dirigió Fernando León y Castillo, Jorgina Doreste recuerda bien la presencia normalizada de barcos alemanes e italianos en Las Palmas y la anglofilia en la sociedad insular.

 19:33  

A.G. A mí la Guerra Mundial me fastidió la vida, porque había convencido a mi padre para estudiar arte dramático en Londres y me quedé con las ganas".

Jorgina Doreste es hija de Luis Doreste Silva, diplomático canario y secretario de embajada en París cuando la ocupó el también isleño Fernando León y Castillo, negociador de los acuerdos coloniales, en sucesivas ocasiones a comienzos del siglo XX. No en vano, pues, subraya que "de niña viví como una nómada. Aunque le diré una cosa, cuando llegue de Londres [donde había estudiado en un internado] el cambio fue grande, como es lógico, aunque no tanto en un sentido: La sociedad canaria o, al menos mi círculo, era bastante liberal, las niñas podían salir y llegar más o menos tarde. La influencia británica era clara, y no sólo en eso, en todo un estilo: el té de las cinco, la moda femenina, totalmente actual para la época. Fue fantástico. Aprendí a hablar bien español, aunque más bien canario, claro, y desde entonces siempre me he sentido muy, muy canaria; soy fiel a la Canarias que viví de niña".

"No hubo, por otro lado, o yo al menos no lo percibí, una situación de grave necesidad", durante la Segunda Guerra Mundial en las Islas, "Algún garbanzo que otro con bichos sí, pero en fin (risas), una cosa discreta, digamos... Yo me pasaba la vida en casa de Míster Lengton, haciendo teatro, así todos los de la pandilla del Toril, claro, teníamos locura por Inglaterra y oíamos a diario la BBC, que estaba prohibida. Pero la oíamos por la música, por las canciones de los musicales", añade. Claro que una cosa traía a la otra y "además de las canciones, daban las noticias y las oíamos, aunque no nos enterásemos de nada o de casi nada y no fuéramos, claro está, realmente conscientes de la situación. Oíamos los discursos de Churchill, de [Anthony] Eden [secretario de Exteriores y sucesor del anterior]. Bueno, oíamos los bombardeos sobre Londres con nitidez a través de la radio, los ponían todas las noches... y aunque éramos muy infantiles e inocentes eso sí impresionaba: oír el estruendo de las bombas que caían".

Una vez, recuerda Jorgina Doreste, incluso "enviamos una carta pidiendo no sé qué canción, y la firmanos todos, mire qué les importaría en Londres eso. Pues puede creerse que para nuestra sorpresa no sólo llegó sino que por la BBC nos citaron: Queremos dar las gracias a los amigos del Toril, Canary Islands, por pedirnos tal canción de Broadway, que estaba de moda, bueno, no se puede imaginar, insisto, la sorpresa y la alegría, aquello causó época para nosotros. Claro que al cabo de dos días de citarlos la BBC, a casa de Carlos Alzola vinieron dos grises [la policía armada], a investigar porqué nos había citado" en la radio pública británica.

COSAS RARAS. Respecto de la presencia alemana e italiana, "sí es cierto que había cosas raras, que desentonaban, por ejemplo en los bailes del Casino [el Gabinete Literario] venían algunas familias italianas, la del cónsul y otras afincadas en la ciudad, vestidas al estilo de Mussolini, con esos flecos sobre la cara, y acababan cantando Giovinezza [una canción fascista] a voz en grito, en fin, como si lo estuviera viendo; solían salir a los bailes acompañando a los oficiales de barcos de guerra italianos, que venían con mucha frecuencia y, además, a la luz del día, como venían los alemanes. Y entonces los anglófilos les respondíamos también en grupo con canciones patrióticas inglesas... claro, aquí había mucho anglófilo, porque la relación con Inglaterra era intensa; no era tan directamente sospechoso [de desafección al Régimen franquista] ser anglófilo en Las Palmas, lo tenían hasta cierto punto que tolerar, aunque la Policía siempre vigilaba".

La colonia alemana, por el contrario, "tenía más tradición en Las Palmas, donde desde comienzos de siglo estuvo el Colegio Alemán, primero en Las Canteras, magnífico, estaban las dulcerías, como la del Parque Santa Catalina, usted la recodará, y luego las relojerías en Triana". Y era mucho "más discreta en los casos en los que simpatizaran [con el régimen nazi], aunque tenía amigas alemanas que ignoraban por completo lo que estaba pasando" con los judíos. "Eso me consta; claro está que eran niñas que vivían fijas aquí. De sus familias, lo que supieran no lo sé".

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