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ANTONIO DE BETHÈNCOURT MASSIEU

´Un submarino británico paró al ´Correíllo´ y detuvo a un alemán´

Catedrático de Historia Moderna, Antonio de Bethèncourt Massieu, se pasó la Segunda Guerra Mundial estudiando Filosofía y Letras en Madrid y los veranos de vacaciones en Gran Canaria. La presencia submarina en torno a las Islas y Gibraltar la comprobaría con no pocas anécdotas.

 19:30  

A.G. Iba a iba a Tenerife a sacar unos papeles que necesitaba para matricularme en primero de Filosofía y Letras. Era media mañana, yo me había ido un rato al camarote y el barco se paró. Subí a ver qué pasaba y resulta que al lado teníamos a un submarino británico que había mandado parar al correíllo [barcos que hacían las rutas interinsulares entonces]. Nos abordaron unos oficiales y marineros y se llevaron detenido a un fotógrafo alemán. No tengo la menor idea de quién era, supongo que un espía al que tenían vigilado o algo parecido. Sólo sé que así fue como me enteré de que había comenzado la Segunda Guerra Mundial".

Antonio de Bethèncourt Massieu, catedrático de Historia Moderna y uno de los artífices de la renovación de la historiografía canaria, se fue al mes siguiente a Madrid a matricularse en la carrera. "Madrid estaba como estaba, imagínese". Y parece que los submarinos continuaron siendo una constante. "Cada vez que íbamos y veníamos en verano, porque entonces en Navidades nadie pensaba en pasarlas en su tierra, un submarino aliado nos paraba y conducía al barco a Gibraltar, donde teníamos que pasar la noche. Y había un registro exhaustivo, lo miraban todo. No podíamos dormir por la noche porque los barcos tenían una ruta específica para entrar hasta el Puerto de Gibraltar y por fuera de ella cualquier cosa que flotara, un mástil, lo que fuera, saltaba por los aires. Claro, toda la noche nos la pasábamos oyendo unas explosiones tremendas, que el barco temblaba. Eso da una idea de cómo estaba montada la defensa de Gibraltar".

"Aquellos años fueron duros". Claro que Bethèncourt tuvo suerte porque "un compañero de Facultad y de pensión, tenía una finca en Guadarrama con ganado y le mandaban cada día una lechera entera, de la que bebíamos todos. Ahora, el país estaba destrozado. Por ejemplo, el tren que nos llevaba [de Madrid] a Cádiz, si tenía que llegar, no sé, pongamos a media mañana, llegaba doce horas después, a media noche. Se paraba, se rompía, un follón". De los veranos en Canarias, Bethéncourt recuerda de pronto una anécdota. "Recuerdo una vez que un submarino alemán se estrelló en el Sur. Pues bien, al día siguiente en un chalet en Tafira el cónsul alemán, que era un tipo muy simpático, nos invitó a una fiesta y allí estaban unos jóvenes alemanes, oficiales del submarino, ligando con unas chicas monísimas". En este punto agrega que "tuve un amigo norteamericano, Harry Jordan, de mi grupo, que tenía la misión de comprobar si las entradas y salidas de petróleo del Muelle, que venía todo de Estados Unidos, concordaba o bien parte se deslizaba, se supone, hacia los submarinos alemanes, como había pasado en años anteriores [1941 a 1943], porque en ese caso los norteamericanos nos cortaban el suministro".

MUCHO TRABAJO. Bethèncourt hace referencia, de otro lado, a que "nunca vi trabajar tanto en España. Claro, entre los muertos de la Guerra Civil, los que estaban en la cárcel, los que estaban escondidos, en fin, los exiliados republicanos y todo lo que había que hacer, reconstruir, había gente que trabajaba quince y dieciséis horas. Y, luego, desde la perspectiva de alguien que venía de Canarias poco a poco comenzó a haber algo de teatro, el fútbol era mejor, en fin, además el Atlético de Aviación [origen del Atlético de Madrid] estaba lleno de canarios: Pepe Mesa, Arencibia... yo lo pasé bien. Ahora sí, estudiábamos una barbaridad, un alumno de hoy eso no lo habría aguantado porque, por fortuna, el modelo de Filosofía y Letras era el de la República, no había cambiado, y era durísimo".

"En Madrid se temió al principio una entrada en la guerra, cuya evolución se seguía con mapas y banderitas, sobre todo porque España albergaba esperanzas imperiales en el norte de África. Y se pensaba en el apoyo alemán, que no llegó, creo, porque España estaba destruida y no servía [a los propósitos de Hitler] para la toma de Gibraltar". Al término de la contienda mundial, de otro lado, Bethèncourt recuerda "las primeras protestas estudiantiles, disconformes con el Régimen franquista, había follones en el Decanato y demás; eran los menos, la mayoría de los estudiantes había sido germanófilos. Además, estaban los grises [la Policía Armada]. Sea como fuere, hubo toda una tensión, muchos que estaban escondidos comenzaron a asomar la cabeza. Y hubo miedo en el Régimen a una invasión norteamericana [para derrocar a Franco]. De hecho, ese verano me movilizaron. Y, bueno, sin ir más lejos Gran Canaria se llenó de nidos de ametralladoras, que aún están ahí".

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