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MIGUEL F. AYALA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Colmillos y acné. Ésa ha resultado ser la combinación más rentable del panorama literario y cinematográfico de los últimos cuatro años, tras la publicación de la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer, que, a día de hoy, ha vendido 25 millones de libros en todo el planeta confirmando una máxima: los vampiros molan. Pero, ¿por qué? ¿Por qué las Crónicas Vampíricas de Anne Rice o los Misterios de Vampiros del Sur, de Charlaine Harris, arrasaron también en su momento en las listas de ventas con un tema cuanto menos manido? ¿Por qué desde el siglo XVIII los chupasangre encandilan a público de todas las edades y nacionalidades? Y, sobre todo, ¿por qué los actores de Crepúsculo sufren actualmente tal acoso de sus legiones de fans, inédito incluso para los actores de otras producciones como la de Harry Potter?
"No soy partidario en absoluto de las novelas de vampiros", explica Alberto Vázquez Figueroa, uno de los autores españoles más vendidos del panorama internacional. "De hecho", prosigue, "mi editor el año pasado me pidió que escribiera algo sobre vampiros, aprovechando el tirón, y me negué. Pero no se puede pasar por alto que la autora de la saga de Crepúsculo ha dado con una fórmula que no es sencilla de hallar. No existe el cóctel para el éxito. Piense que cualquier autor literario lo que desea es vender, así que si existiera la receta para un best seller, todos echaríamos mano de ella", añade el autor de los superventas Tuareg, El Cazador y Ébano, ésta -junto a otras diez más- llevada al cine bajo el nombre de Ashanti.
Stephenie Meyer, por lo tanto, parece que sí encontró esa llave mágica para la literatura con la historia de amor juvenil que es Crepúsculo, desarrollada en el pueblo de Forks, en el estado de Washington, combinando sabiamente intriga, romance, traición, amores casi imposibles, decisiones a vida o muerte y carismáticos y bellísimos vampiros, licántropos y humanos, en plena ebullición emocional y hormonal. Bien agitadas, ésas han sido las claves del éxito de la relación amorosa entre el chupasangre de 18 años Edward Cullen y la desorientada Bella Swan, de 17, papeles interpretados, respectivamente, por Robert Pattinson y Kirsten Stewart, dos actores desconocidos hasta ahora.
Y es que ellos, sobre todo él, han resultado también decisivos en el éxito planetario de la saga. Pattinson, que se ha convertido en un auténtico sex symbol pese a su corto periplo profesional, está viviendo no sólo la fama sino también lo peligroso de la popularidad porque, explicándolo con humor, puede que después de Al Qaeda no exista nada más peligroso en el mundo que una turba de adolescentes enamoradas. Y a Pattinson lo atropelló un coche en Nueva York huyendo de una marabunta de niñas, con carpetas y fotos en mano, que le querían tocar, besar y, si hubieran podido, arrancarle seguro mechones de pelo o jirones de su ropa para atesorarlos como trofeo.
Pero no han encandilado esta serie de relatos únicamente a los jóvenes.
El nominado al Oscar por Esposados y director de la taquillera cinta de terror 28 semanas después, Juan Carlos Fresnadillo, confiesa que "la química que desprenden la pareja de actores" de la colección Crepúsculo "es de las más brutales en el cine de los últimos diez años".
VAMPIROS 'COOL'. El cineasta canario, que se confiesa sin pudor "superfan" de los libros de Stephenie Meyer, considera "un brutal acierto de casting" la elección de Stewart y Pattinson. "Son muy cool", dice, "y han logrado trasladar a las pantallas una química que suelta chispas. Transmiten bien ese espíritu de confusión adolescente que destilan los libros, y eso sólo lo podrían lograr dos buenos actores".
Cree, incluso, que "la carrera" de los dos intérpretes "no ha hecho más que empezar con Crepúsculo y Luna Nueva.
Son grandes profesionales y les auguro mucho trabajo y muy interesante" cuando acaben con esta tetralogía vampírica. El director, que disfrutó del lujo de paralizar el tráfico y el tránsito de peatones en la City londinense para la secuela de Danny Boyle, y la llenó de zombis asesinos, explica: "El hecho de que mis películas estén en otra línea no quiere decir que no me gusten estas historias románticas de vampiros". Además, considera la primera película, "porque no he visto aún la segunda", dice, "una producción más que digna".
Sin embargo, haciendo justicia al fenómeno literario y cinematográfico, son los adolescentes quienes mejor transmiten qué ha significado en sus vidas la relación de amor entre Bella y Edward. Elizabeth Araña Caballero, estudiante de 14 años de la ESO, en Las Palmas de Gran Canaria, cuenta: "Estos son los primeros libros que me leo en mi vida sin que me obliguen los profesores".
El primer volumen, Crepúsculo, se lo compró su madre y lo devoró en pocos días. Su familia no daba crédito cuando la niña, como regalo de Reyes de 2009, pidió el segundo libro, Luna Nueva, "que me lo regaló mi tío", explica. Pero todos quedaron perplejos cuando solicitó el tercero, "que todavía me lo estoy leyendo". El cuarto, cosas del periodismo vampírico con adolescentes de por medio, se lo va a tener que comprar quien esto escribe, una promesa contraída unas horas antes de que entrara a ver, este viernes, la segunda película, de la que salió "flipada", según su escueto pero sentido resumen. El interés entre los adolescentes es tal, que muchas maestras y maestros han echado mano a los libros para tratar de enganchar y motivar a sus alumnos en clase.
TIRÓN JUVENIL. Vázquez Figueroa sí reconoce y valora precisamente "el tirón" entre la juventud "y que les acerque a la literatura, que siempre es de agradecer", aunque, dice, "preferiría que se asomasen al mundo de los libros con otros títulos de mucha más calidad". Opina el autor al respecto que "será el tiempo quien determine si es una saga realmente interesante o se trata de una moda pasajera", opción ésta que considera "más probable porque", a su parecer, "se trata de una tendencia. La escritora ha retomado las historias de vampiros, donde ya estaba todo inventado. No aporta nada nuevo. Otra cosa es el caso de J. K. Rowling", la autora de los libros de Harry Potter, "que ha creado un universo inédito" de la mano del niño mago.
Ése, sin duda, es el gran lastre que algunos ven en la obra de Meyer: su dudosa originalidad. Los libros de La Comunidad del Anillo, de J. R. R. Tolkien, recrearon un nuevo mundo imaginario. Igual sucede con la heptalogía de Las Crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, o los relatos clásicos de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm, por citar algunos otros. Crepúsculo, sin embargo, se parece sospechosamente a los cuentos de Misterios de Vampiros del Sur, de Charlaine Harris, publicados desde 2001 -Meyer publica en 2005 la primera novela-, donde se narra las vicisitudes de Sookie Stackhouse, una joven de la América profunda enamorada del vampiro Bill Compton, un elegante chupasangre que desea reintegrarse en la sociedad pero se encuentra con el rechazo de todos -o casi- los habitantes de la tradicional Bon Temps, en Luisiana, provocando, como sucede con Bella Swan, que Sookie se enfrente a sus vecinos, amigos y su propio hermano por ese amor que algunos consideran peligroso y antinatura.
Esa serie de relatos, con los cuales el cineasta Alan Ball ha creado la teleserie True Blood, tampoco es la primera adaptación sobre vampiros modernos que se lleva a las pantallas: ya en 1995 el director Neil Jordan, con Brad Pitt y Tom Cruise como protagonistas, adaptó para el cine la primera de las siete novelas de Anne Rice, publicada en 1971, donde se relata la historia del legendario, cruel, bello y bisexual vampiro Lestat en el Nueva York contemporáneo. Situar a los míticos vampiros en la actualidad, por tanto, no es nuevo.
Para Juan Carlos Fresnadillo, sin embargo, esas casualidades "no restan ni un ápice" de valor a los vampiros, licántropos y humanos retratados por Stephenie Meyer en sus cuatro libros.
"Ella ha sabido combinar de manera genial una maravillosa historia de amor entre adolescentes, reflejando sus cambios, particularidades, equivocaciones y la defensa de quienes son distintos, con el romanticismo de las historias góticas de vampiros, que es lo que a realmente me apasiona" de los relatos clásicos de chupasangres. Y como mues- tra de que su devoción no es falsa, cuando, para acabar, se le pregunta al director de Intacto -al que Spielberg quiere producir su próximo largometraje- si le gustaría dirigir alguna de las nuevas películas de la saga, responde muy claro: "¡Ojalá!".
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