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CARMEN SANTANA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Letras pequeñas e ilegibles, palabras confusas y poco inteligibles y cifras de dificultosa interpretación. La información nutricional contenida en el etiquetado de los alimentos, pese a las modificaciones que se vienen introduciendo en los últimos años, sigue ofreciendo muchos obstáculos al consumidor. Esas deficiencias, junto a otros factores, están marcando tendencia negativa en la elección de compra de alimentos y la promoción de una alimentación sana y equilibrada. Pero eso cambiará a medio plazo. La Unión Europea se ha puesto a trabajar desde hace alrededor de un año en el proyecto Flabel (Food Labelling to Advance Better Education for Life), que se concluirá en 2011, y con el que pretende conocer el verdadero impacto del etiquetado nutricional en los consumidores y proponer mejoras normativas en el territorio común.
La legislación actual, que España ha asumido hace apenas un mes cuando entró en vigor el Real Decreto 1669/2009, de 6 de noviembre, por el que se modifica la norma de etiquetado sobre propiedades nutritivas de los productos alimenticios, aprobada por otro decreto en 1992, es una recomendación que dispone que la información nutricional que recoge ese tipo de etiquetado es de aplicación voluntaria por parte de las empresas alimentarias.
El etiquetado proporciona información sobre el listado de nutrientes (energía, proteína, hidratos de carbono, azúcares, grasa, grasa saturada, fibra y sodio), información por ración/por porción y la CDO (Cantidad Diaria Orientativa), además de hacer una distinción entre la información en la parte frontal y en la parte trasera del envase.
Este tipo de etiquetado es cada vez más promovido por los gobiernos y la industria alimentaria a la vista de los problemas de salud que están ocasionando el sobrepeso y la obesidad en muchos países europeos. "Esa información sólo aparece en una cantidad mínima de los alimentos que se pueden adquirir en este momento en un supermercado", afirma María Martín, presidenta de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Canarias (Addecan). "Pocas industrias alimentarias la han asumido hasta ahora", añade.
GUÍA RÁPIDA. Las etiquetas nutricionales funcionan a la manera de una guía rápida que informa a los consumidores sobre las ventajas y desventajas de los distintos productos. Según un estudio realizado por Eufic (Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación), los consumidores españoles pasan un promedio de 30 segundos manipulando cada producto. Pero eso no quiere decir que saquen partido de la información que ofrecen los envases.
"El problema del etiquetado actual es que la gente no lo entiende. Por supuesto, la información nutricional aporta más datos, si se ofrece clara y legible, a la hora de realizar una elección saludable. O al menos el consumidor puede saber realmente qué es lo que está adquiriendo y las repercusiones en su salud", explica María Martín.
Una de las fórmulas de etiquetado nutricional que están adoptando algunas empresas alimentarias, que han optado por incorporar esta información a sus productos, es el denominado semáforo nutricional (como el que se aprecia en la imagen de esta página) que utiliza colores similares a los de ese instrumento para regular el tráfico: el verde, para una baja aportación del nutriente; amarillo, para una contribución media; y rojo, si la cantidad aportada es alta. Esa indicación se atribuye a cada uno de los cinco principales nutrientes que influyen en la salud del consumidor (azúcar, grasa, grasa saturada, sal y fibra).
Para todos ellos se ha definido una ingesta máxima recomendada, de forma que al echar un vistazo al etiquetado nutricional con este modelo de semáforo la información, que aparece por ración del alimento, da cuenta del porcentaje de cada uno de los nutrientes según la Cantidad Diaria Orientativa (CDO) que una persona adulta precisa comer al día. "Conviene tener en cuenta que las necesidades nutricionales son diferentes en función de cinco variables: sexo, edad, peso, altura y actividad física. Pero en este etiquetado se ha convenido un estándar que es el de una mujer, que precisa unas 2.000 calorías diarias, frente a las 1.500 a 2.000 de un niño; y las 2.200 a 2.700 para un hombre", señala la especialista en nutrición.
EDUCACIÓN. Con todo, para otros expertos el etiquetado nutricional no parece ser la panacea para una adecuada información y elección saludable por parte del consumidor. "El etiquetado es un asunto muy complejo. Creo que, paralelamente a la mejora de este tipo de información, debe actuarse, de un lado, en la publicidad de los alimentos y, de otro y sobre todo, fomentar la educación nutricional. De poco sirve que la etiqueta ofrezca datos completos si el que compra el producto no entiende y calibra bien el significado para su salud", opina Juan Méndez, inspector farmacéutico y vocal del Colegio Oficial de Farmacéuticos tinerfeño.
Mientras esa formación llega, los consumidores pueden asistirse de los consejos para realizar una compra adecuada, sana y económica. María Martín recuerda que hay que planificar los menús. "En alimentación no vale la improvisación. Hay que pensar qué vamos a comer en la semana e incluir todos los grupos de alimentos para hacer una dieta equilibrada". Para ello hay que hacer una lista de la compra y consumir productos de temporada, siempre con una mejor calidad-precio.
"Ya en el súper, hay que ir sin hambre, fijarse bien en los envases y en su fecha de caducidad, y sobre todo leer las etiquetas", añade la experta.
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