Aslan Abashidze

´La ONU investiga la existencia de otros ´Guantánamos´ en Europa´

El miembro del Comité de Derechos Económicos y Sociales denuncia "nuevos campos de reclusión en el Magreb"

 22:24  
Aslan Abashidze, durante la entrevista.
Aslan Abashidze, durante la entrevista. ANDRÉS CRUZ

ANTONIO GONZÁLEZ / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Aslan Abashidze, miembro de uno de los ocho comités de la ONU que supervisan la correcta aplicación de los derechos humanos en el mundo, fue hasta diciembre miembro del grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias de esta organización. Estuvo en Las Palmas de Gran Canaria esta semana para la inauguración de la Cátedra Unesco de Derechos Humanos y Democracia de la ULPGC.

- El siglo XX fue el siglo en el que los derechos humanos y los derechos civiles más avanzaron. Y en el que los pueblos dejaron de aceptar la dominación extranjera como un hecho. Sin embargo, episodios tan escabrosos como las detenciones arbitrarias o las cárceles secretas no han disminuido, quizás incluso al revés. ¿Por qué esta contradicción?

- Bueno, como sabe, la Humanidad viene prestándole la atención a los derechos humanos desde hace tiempo. Si tomamos el caso de Gran Bretaña su código de leyes data del siglo XIII. La Declaración de Independencia norteamericana es de 1776 y la francesa dos años después. Claro, estamos hablando de tratados o actas nacionales. Pero si vamos a los internacionales, el primero es la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX; luego hay otro acta de persecución de la piratería, pero no había ningún mecanismo de supervisión internacional. No es hasta la constitución de Naciones Unidas que se formaliza normativamente el reconocimiento internacional de los derechos humanos: la Declaración Universal que, como tal, no obliga a los estados, los pactos o convenios [sectoriales: sobre la mujer, los niños, la tortura, refugiados...], que sí obligan, y los mecanismos de comprobación de su cumplimiento.

- En el plano jurídico el avance fue evidente. Y después, ¿qué ha pasado?

- Bueno, la Declaración, cuya negociación estuvo encargada a una comisión presidida por Eleanor Roosevelt, viuda del ex presidente norteamericano, ya fue una expresión de la dificultad de hallar un consenso al respecto de los derecho humanos básicos. Las discusiones fueron intensas y se optó siempre por una fórmula de compromiso, pues Naciones Unidas no podía no fijar un mandato claro después de la experiencia de la Alemania nazi [el exterminio de los judíos]. Lo que pasó fue que después de la Guerra Fría se creyó que íbamos a vivir en un mundo ideal y no fue así. Pasó lo de Ruanda, lo de Sudán.

- Los Balcanes.

- Sí, hay muchos ejemplos. Y la ONU comprendió que la globalización de un lado, acerca a las naciones, pues lo que pasó en Sudán no atañe ya sólo a ese país, es decir, hay una internacionalización de la vigilancia y las implicaciones; pero, del otro lado, no han disminuido estas violaciones de los derechos humanos. Un ejemplo es el terrorismo. Hay que luchar contra el terrorismo pero a veces con ese pretexto se violan derechos humanos. Ahí esta Guantánamo. Mi grupo, entonces, de la ONU [que se encarga de supervisar detenciones arbitrarias] solicitó visitarlo, pero Estados Unidos dijo que la ONU no era competente. Podíamos visitar todas las cárceles de América, lo que quisiéramos, pero no Guantánamo, donde había gente detenida sin acusación por tiempo indefinido.

- La opinión pública internacional tiene la impresión de que 'Guantánamos' de EEUU y cárceles secretas, en general, hay muchas en el mundo: se cita a Bielorrusia e incluso a Europa del Este. ¿Es así?

- Bueno, incluso importantes medios informativos de Estados Unidos acaban de señalar con sus investigaciones el pasado noviembre que, en efecto, en algunos estados de Europa Oriental y también citan una república báltica hay prisiones secretas. Y existen también sospechas de Polonia y Chequia, pero están por comprobar. Por eso la ONU desde el pasado marzo investiga la existencia de esos otros Guantánamos. Porque ya no se trata de una detención justa o injusta sino que esto contradice todos los principios democráticos: sólo los estados soberanos pueden controlar un régimen de internamiento en su territorio nacional, pero por desgracia hay muchas cárceles privadas, es decir, detentadas por grupos, digamos, que no son estados soberanos. Y también sucede en muchos países en donde hay movimientos armados contra los estados, que tienen prisioneros en condiciones terribles, los obligan a trabajar en el campo, casi como el ganado.

- De modo que las detenciones arbitrarias no son privativas de dictaduras.

- Pues no, en efecto. Y en particular, insisto, a raíz de la guerra contra el terrorismo han surgidos graves desafíos para los derechos humanos. La ONU, de un lado, ha legalizado el derecho de un Estado a defenderse, a adoptar una respuesta armada cuando es atacado por un grupo terrorista internacional y no sólo, como hasta ahora, por otro Estado, tras el 11-S. Es lógico, lo que pasa es que, a expensas de que su posterior regulación afine mejor, en la actualidad, esa respuesta autorizada queda fuera del control de la ONU una vez que se pone en marcha. De modo que no es posible controlar que sea proporcionada al ataque, ni que no afecte a los derechos humanos de los territorios a los que se ataca por considerar que son la base de los terroristas que a ellos los han atacado. Y luego está el problema de la definición de los terroristas, que no está claro. Por ejemplo, los grupos armados palestinos, que luchan contra un estado que ha invadido su territorio y que reprime y limita los derechos de la población palestina, ¿lo son o no? No es todo tan fácil...

- Ahí quizás lo que cabe es tipificar el terrorismo en función de las acciones, y no de la naturaleza de los actuantes.

- Ésa es la línea que está adoptando la ONU, establecer qué actuaciones, por ejemplo, aquellas acciones armadas dirigidas específicamente a la población civill o aquellas otras que buscan sembrar el terror en la población, deben considerarse terrorismo.

- Hemos hablado hasta ahora de vulneraciones graves de derechos humanos, pero que son digamos la excepción. Luego están otras de un perfil más bajo quizás, pero que son casi la norma: es el tratamiento a la inmigración ilegal, por ejemplo, en Europa. Son los nuevos muros abiertos en la lógica Norte-Sur.

- Sí, es verdad, muy a menudo vemos que, por ejemplo, las directivas europeas y las normas de los estados miembros sobre inmigración no coinciden con los patrones o estándares de la ONU. Lo que pasa es que entonces Naciones Unidas entra en contacto y finalmente esas directivas se cambian. Queda por verificar sobre el terreno el cumplimiento, pero existe colaboración. Cuando detienen a un inmigrante sin papeles ¿cuánto tiempo pueden tenerlo detenido? ¿Tiene asistencia legal y puede comunicarse con el consulado de su país? ¿Le permiten pedir asilo? ¿Pueden deportarlo a cualquier lugar? Si alguien atraviesa una frontera sin documentación tiene derecho a cubrir todos los escalones de la petición de asilo, por las razones que esta persona considere; y escucharlas es considerado por la ONU una acción humanitaria. Pero lo que vemos, sin ir más lejos, en los aeropuertos de París o de Ginebra es que a los sin papeles se les está deportando de inmediato. Y, además, el acto de entrar sin documentación ha pasado a formar parte de los delitos penales, una cosa que antes no sucedía.

- Ahora ha surgido otro fenómeno: los acuerdos de estados europeos, como España, con los países de tránsito en el Magreb para que éstos detengan a los inmigrantes subsaharianos antes de que salten a Europa desde esos países. Así que el trabajo sucio lo hacen otros.

- Sí, ahora han cambiado. Y la ONU, en efecto, observa que los estados europeos tratan de crear las barreras a la inmigración ilegal en los países de tránsito. Y, a cambio de financiación, estos países, en los que ya se sabe que el respeto a los derecho humanos no es óptimo, detienen e internan a inmigrantes en centros en los que se les trata mal. Es un mecanismo preventivo ajeno también a todos los estándares de la ONU. Ahora hay más de treinta procedimientos de la ONU sobre esta asunto. Comprendemos el problema de la inmigración masiva de Europa y celebramos que refuerce su cooperación para mejorar las condiciones de esos países y que mucha gente no tenga que verse forzada a irse, pero hay cosas que no se pueden consentir.

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