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CARMEN SANTANA
Una respuesta natural, consecuencia de un atavismo para la supervivencia, que se puede convertir en un serio trastorno para la vida cotidiana. La ansiedad es la enfermedad más frecuente entre las dolencias mentales y la sufre un 18 por ciento de la población.
Y un 12 por ciento de las consultas a los médicos de familia en los centros de Atención Primaria tiene en su origen este trastorno que puede manifestarse hasta en 350 síntomas diferentes. "Hasta el momento se han descrito un total de 350 quejas de pacientes, que manifiestan con un dolor, una diarrea, picores, temblores, etc., un trastorno que afecta, en realidad, al ámbito psíquico", explica Ángel Trujillo, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín.
Y parece que es la enfermedad de la vida moderna. "La ansiedad patológica está ligada al estrés de la vida diaria. Y su causa sigue siendo desconocida, aunque hay diversas teorías, entre ellas algunas que apuntan a un fallo cerebral e, incluso, la predisposición de algunas personas a padecerla, como sucede con otras enfermedades mentales, por vía hereditaria", señala Trujillo.
De forma que el factor de la herencia más los traumas recibidos durante la vida provocarían un acúmulo de mayor o menor probabilidad de padecer el trastorno. "Y, entre esos traumas, sobre todo los sufridos durante los primeros 10 años de vida", subraya el psiquiatra.
Por supuesto que circunstancias críticas como la actual, en la que buena parte del planeta está sumido en una crisis económica, pro
vocan un aumento del estrés. "Los problemas de dinero, cuando se tienen, implican no poder alcanzar determinados bienes. Y eso causa frustración en muchas personas. Y la frustración deviene en ansiedad", explica Trujillo, quien añade que "si se cronifica, puede derivar hasta en depresión. Aunque esto no sucede en todas las personas que padecen el trastorno".
De forma que las imposiciones de la vida diaria, más las circunstancias negativas coyunturales como la de estar afectado directamente por una crisis económica, incrementan el riesgo de ser víctima de la ansiedad patológica.
REACCIÓN. "El 80 por ciento de las personas pueden hacer frente con sus recursos a una situación de estrés, de ansiedad", señala Juan Manuel Alemán, psicólogo clínico y vocal de la junta de gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Las Palmas. "Y se hace con normalidad porque la ansiedad es una respuesta natural del organismo, que se activa para hacer frente a un peligro o una situación comprometida ante la que hay que estar alerta, con todos los sentidos".
Hasta ahí la normalidad en la respuesta fisiológica y cognitiva. Pero una reacción no adecuada o sobredimensionada produce una ansiedad que se sale de esa normalidad. Y es la que requiere atención especializada porque, si no, puede cronificarse. "La detección y actuación tempranas es más eficaz a la hora de tratar y combatir el trastorno", afirma el psicólogo clínico.
Y esa situación sobredimensionada de alerta o peligro se expresa con síntomas en tres frentes: fisiológico (palpitaciones, subida de la tensión arterial, sudoración, tensión muscular, etc.); cognitivo (con ideas irracionales y pensamientos distorsionados de la realidad); y de comportamiento (actitudes evitativas, que pueden desarrollar fobias y empeorar el trastorno y su curación).
Alemán señala que hay "poca epidemiología en Canarias actualizada, y tampoco hay datos de incidencia del trastorno en España". La respuesta ansiosa, en cualquier caso, "depende mucho del momento que vive la persona. En situaciones de crisis, de situaciones complejas aumenta el número de personas afectadas". Pero el especialista sostiene que, de fondo, es en el estilo de vida en donde hay que colocar el detonante de la aparición de nuevos afectados. "Es un ritmo cada vez más acelerado, en el que surgen nuevos roles y obligaciones: de padres, pareja, en el trabajo, con los amigos. Y con todos hay que cumplir, por decirlo de una manera coloquial. Por ejemplo, ahora existe una mayor preocupación de los padres por sus hijos que en las últimas décadas. Y eso origina situaciones de estrés que pueden desarrollar en algunas personas ansiedad patológica".
ADICCIONES. Y en aquellos enfermos en los que su sintomatología despunta en el área del comportamiento, sobre los de tipo fisiológico y cognitivo, también los nuevos tiempos desarrollan conductas que nada tienen que ver con las de antaño.
Son conductas adictivas, que sólo padece un porcentaje mínimo de quienes sufren un trastorno de ansiedad, según aclara el psicólogo clínico. "Cambian dependiendo del estilo de vida que se lleve en cada momento. Es la topografía de esa respuesta la que se va modificando".
Y de ahí se puede colegir la aparición de adicciones compulsivas (como las que tienen que ver con la alimentación, en exceso); la ingesta de alcohol y otras drogas; y lo que se denominan nuevas adicciones sociales, como por ejemplo, las compras compulsivas o el uso a todas horas de Internet y de los videojuegos.
Sin una epidemiología actualizada y con múltiples teorías en liza, los especialistas creen que, siendo como es un trastorno que hace legión de víctimas en el sistema de vida actual y, especialmente, cuando arrecian épocas de crisis, la ansiedad se está cebando en los últimos tiempos. "Cada vez es más frecuente que personas con trastornos de ansiedad acudan a las consultas. ¿Dispararse? No conozco cifras pero, en mi experiencia clínica, en el último año he visto más casos".
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