C. M. M.
Luis Morote (Valencia 1864 - Madrid, 4 de mayo de 1913) fue uno de los precursores del periodismo moderno. "No esperaba a que surgiese la noticia, iba al lugar donde se gestaba", señala Luis Morote Barberá, sobrino nieto del valenciano. Huérfano de padre desde muy joven, sentía adoración por su madre, Dolores Greus Girona, una mujer fuerte y acomodada económicamente que se ocupó de dar una exquisita educación a sus hijos. Es uno de los exponentes del llamado Regeneracionismo, junto a Joaquín Costa o Rafael Altamira.
Este movimiento intelectual surge tras la pérdida de las colonias españolas en 1898 y denuncia un sistema que considera obsoleto y corrupto. Pero si sus facetas intelectual y profesional son interesantes, mucho más lo es su actividad periodística. Es muy conocida su incursión en el campamento mambí en plena guerra de independencia de Cuba, para entrevistar a Máximo Gómez, "jefe de la insurgencia". El periódico El liberal le había enviado seis meses, con todos los gastos pagados (25.000 duros de la época), a cubrir los acontecimientos que acabaron con la pérdida de la colonia.
El 14 de febrero de 1897 fue apresado por Gómez, acusado de espionaje. Tras el consejo de guerra, en el que sonó La Marsellesa, cosa que emocionó al reo, fue puesto en libertad. A su vuelta a España, defendió la causa de los revolucionarios, no en vano, la tesis con la que se doctoró en derecho político a los 20 años trataba sobre la libertad de los pueblos. Fue amigo personal de Blasco Ibáñez, con el que, cuando tenían 18 años, se escondía para tirar piedras al rosario de la aurora. Ambos eran anticlericales. También tuvo relación con Benito Pérez Galdós, pues ambos militaron en el Partido Republicano. Hablaba perfectamente francés, que era el idioma de la diplomacia y la cultura de la época. Con sólo 24 años se fue por su cuenta al entierro de Víctor Hugo a París.
Es traductor de obras como Juliano el Apóstata, de Dmitry Mérejkowski, al que luego entrevistó en su viaje a Rusia, y de Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz. Era un hombre elegante y presumido, mimaba cada detalle de su indumentaria y debió ser bastante mujeriego. En su vida personal, se enamoró de Emilia, una sevillana casada con un médico que la maltrataba. Acabaron juntos cuando, tras una paliza, ella se refugió en su casa y él se batió en duelo a florete con el marido. De ese amor nacieron tres hijas que él reconoció, a pesar de no haberse casado nunca. Fue diputado por Las Palmas en 1911, por el partido de Canalejas. Recorrió las islas orientales y escribió el libro La tierra de los guanartemes. Amigo personal de León y Castillo y de Perojo, fue defensor de la doble provincialidad y de un régimen fiscal especial para Canarias.