VICENTE GUERRA
Siete historias amargas. Candelaria, Alicia, Marta, Inma, Teresa, Laly y Jessica, siete mujeres golpeadas por el desempleo, cuentan sus historias amargas y el empobrecimiento progresivo de sus familias. A pesar de todo se mantienen en pie.
Quien quiera cartografiar humanamente la crisis sólo tendrá que descender a los 265.916 infiernos particulares, de intensidad variable, que se ocultan detrás de una cara, un nombre y un número de registro en la oficina de paro correspondiente. El infortunio personal (relaciones rotas y hasta enfermedades) ha hecho que la crisis se cebe con un perfil muy determinado de persona: mujer de entre 40 y 50 años, separada, con cargas familiares y empleo precario, ahora perdido. Los servicios de asistencia social de los ayuntamientos, de Cáritas o del Banco de Alimentos atienden diariamente a miles de casos parecidos.
Pero el drama tiene muchos más rostros: madre pensionista con un joven hijo en casa traumatizado por el desempleo; chica bien hasta hace dos años que ahora sale a la calle con dos euros en el bolso; ejecutivo de constructora forzado al paro, con esposa, hijos, hipoteca y una vida social rota; joven resolutiva, excelentemente formada, a la que el mercado no le ofrece una oportunidad para independizarse; mujer por encima de los 60 años, separada, en paro y con una prestación pública autonómica intermitente (año sí, año no) de 410 euros que "hace muchísimo que no conoce lo que es ir de rebajas". No todos están dispuestos a relatar sus historias.
Se cuentan aquí cinco vidas cruzadas por la crisis, en algunos casos rasgadas además por el infortunio personal. El hilo común es la penuria material, haber madurado aún más como personas y mirar a su alrededor con cierta amargura pero sin rencores. El periodista se limita a contar sus relatos. Respetuosamente.
ue le va a salvar la vida.