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HEMEROTECA » |
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MIGUEL F. AYALA A las tres de la madrugada de un día uno de enero, Alfredo Volpini recibió una llamada en el teléfono de su casa, en Las Palmas de Gran Canaria. "Le llamamos de la Policía Local. Es con respecto a su hija Marta. ¿Podría acercarse a la clínica del Pino? Me vestí rápido", cuenta Volpini, "y sin decirle nada a mi mujer, me fui caminando al hospital porque vivíamos cerca. Cuando llegué me dijeron que mi hija había muerto atropellada. Un conductor se saltó un semáforo a la altura de la Casa del Coño, la había arrollado y luego se dio a la fuga".
Esa dramática llamada, que cambió para siempre la vida de este hombre y actualmente utiliza la Dirección General de Tráfico en su campaña de concienciación de cara al verano, representando ese duro momento con actores -una de ellas, la actriz grancanaria Yaiza Guimaré, dirigida por el cineasta Benito Zambrano-, refleja, sin contemplaciones, una realidad a la cual se pretende poner nombre y cara en este reportaje, y que el periodista deportivo Alfredo Volpini conoce bien porque, sólo nueve meses después de la muerte de su hija de 16 años, volvió a recibir otra fatídica llamada telefónica a altas horas de la madrugada para comunicarle que su hijo de 23 años, Fredy, había fallecido también en otro accidente de tráfico, en la Avenida Marítima de la capital grancanaria. "No sé por qué", recuerda Volpini, "pero en esa ocasión sabía que mi hijo había muerto antes de que los médicos me lo dijeran".
El sonido del teléfono tampoco supuso un gran sobresalto para José Luis Bajo Abad, hoy de 68 años y padre de Eva Bajo, médico forense en el Instituto de Medicina Legal de Las Palmas.
Ella, que fue testigo de todo, prefiere que su progenitor, que reside actualmente en Madrid, sea quien cuente cómo le cambió la vida tras recibir una llamada telefónica, una tarde de hace ahora casi 30 años, para informarle sobre lo acaecido en una carretera de Murcia.
"Sonó a media tarde, pero yo llevaba ya inquieto varias horas, porque mi mujer se estaba retrasando demasiado, y, aunque me impresionó la llamada, lo cierto es que la esperaba". Acompañada de sus cuatro hijos, su esposa había acudido a recoger aquel día de un campamento de verano a la menor de sus niñas. "Los guardias civiles me preguntaron si era propietario del Seat Ibiza, me dijeron la matrícula", rememora, "y luego me contaron que había habido un accidente y si me podía desplazar a un punto de la carretera, que estaba a 50 kilómetros de casa. Como soy minusválido", puntualiza antes de explicar que por una poliomielitis se ve obligado desde niño a usar muletas para moverse, "llamé a un amigo y fuimos hasta allí. Cuando llegué vi nuestro coche destrozado en la carretera. Un agente me pidió que no me bajara del coche y le solicitó a mi amigo que fuera él quien se bajara. Cuando regresó", dice emocionado, "me dijo sin preámbulos que mi mujer había muerto. Le agradeceré siempre que fuera tan franco".
En semejante estado de conmoción, los agentes le recomendaron que se trasladara al hospital más cercano. "Fíjese", dice, "adoraba a mis hijos pero, no sé por qué razón, no me acordé de ellos hasta que, al llegar al hospital, me informaron de que mi hija pequeña se estaba muriendo y que los demás estaban graves. No sé en qué pensaba cuando mi amigo recorría en silencio aquellos 50 kilómetros".
Otra maldita llamada perturbó, una madrugada de febrero de este mismo año, a Mariam Sanders, alemana residente en Gran Canaria.
"Estaba en casa, eran las cinco de la madrugada y me llamaron para preguntarme si conocía a Nikita, que era la novia de Philipp, mi único hijo. Habían encontrado el móvil de él cerca del cadáver de ella, en un accidente de tráfico, pero no sabían nada más. Poco después me llamó mi ex marido, el padre de Philipp, y me dijo que había ocurrido un accidente". Horas más tarde, Mariam supo que no le habían preguntado por su vástago "porque un conductor, que dio positivo en los controles de alcoholemia, había arrollado la moto de Philipp y lo había lanzado a no sé cuántos metros de distancia. Por eso no me hablaron de él cuando me llamaron: no lo habían encontrado en medio de la oscuridad", asegura esta madre.
CIFRAS QUE SON AUSENCIAS. En Canarias, en el año 2009, se registraron 47 accidentes mortales en las carreteras de las islas, con 51 fallecidos y 258 heridos graves, lo que supone un descenso del 7,84 por ciento con respecto a 2008, ejercicio este en el cual se computaron un total de 51 accidentes mortales, con 58 muertos y 325 heridos graves.
La política sancionadora del actual Gobierno, con el sistema del carné por puntos, se perfila como la gran responsable de ese descenso, pero las realistas campañas publicitarias de la DGT también han influido, en mayor o menor medida, en esa concienciación sobre los riesgos de la carretera, que es la tercera causa de muerte en España, sólo superada por los suicidios y las enfermedades como el cáncer o las insuficiencias cardiacas, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) relativos a 2009, con un cómputo de 1.897 personas fallecidas en todo el territorio nacional, la cifra más baja desde 1964.
La universalidad de esta lacra lo demuestra, en Canarias, la tía de uno de los fallecidos en accidente de tráfico que más debate ha generado en todo el país. Idoia Rodríguez, responsable en Canarias de la asociación Stop Accidentes y residente en Fuerteventura, es la tía de Enaitz Iriondo, el joven de 17 años fallecido en accidente de tráfico hace cinco años en Haro (La Rioja), cuando circulaba en bicicleta, por una carretera cercana al camping donde veraneaba junto a su familia, y fue arrollado por un Audi cuyo conductor posteriormente pidió, incluso en algunos programas de televisión, que los padres se responsabilizaran de arreglar los desperfectos que el atropello de Enaitz ocasionó en su coche de alta gama.
"Gracias a Dios que no recibimos esa llamada, porque mi marido", cuenta Rosa María Trinidad, "escuchó un tremendo ruido fuera del camping, como la explosión de una rueda, y salió a ver qué pasaba". Lo que ocurrió ya lo sabe media España: el conductor del vehículo atropelló de muerte al adolescente Enaitz, "que hoy estaría tan contento con los éxitos de la selección española de fútbol...", recuerda su madre, tratando de buscar un consuelo que el destino y sobre todo la justicia parecen negarles.
Casi todos coinciden, y por eso han accedido a hablar de sus propias vivencias, en que "van a recibir siempre su apoyo incondicional en todo lo que se haga para concienciar sobre la peligrosidad de las carreteras", pero desde la asociación Stop Accidentes reivindican que se "erradique" esa llamada, que ellos creen innecesaria.
"El spot que emite este verano la DGT es completamente real: la mayoría, por no decir todas las víctimas, hemos recibido una llamada telefónica diciéndonos lo que había ocurrido con nuestro familiar, y les puedo asegurar que el impacto es brutal. Se te bloquea el cuerpo entero", señala un comunicado emitido desde Stop Accidentes a este periódico. "Esa comunicación del siniestro al familiar de la persona siniestrada se debe realizar de forma personal y no telefónica, sea cual sea el estado en el que se encuentra la víctima. El impacto será igualmente brutal", explica Trinidad, "pero no estarás sola; tendrás allí a alguien que verá tu reacción y te podrá acompañar". "No sentirás la soledad angustiosa que produce la llamada, así como el desconcierto", añade.
Alfredo Volpini también opina que "esa llamada te cambia la vida para siempre". Es más, tanto él como Mariam Sanders reconocen que "ahora, si suena el teléfono durante la noche, del susto que te llevas no puedes volver a conciliar el sueño". "Se te remueven todos los recuerdos", agrega Volpini.
Sin embargo, la madre de Enaitz y la tía medio canaria del menor, Idoia, opinan que "quizá hay otros detalles en los cuales debería incidir más la Dirección General de Tráfico", como que los responsables de esos accidentes, si los hubiera, fueran perseguidos judicialmente hasta que pagaran su pena, algo que, a su entender, "no sucede".
En el caso de Enaitz, todavía la familia está en litigio porque todo se complicó cuando "el conductor que mató a mi hijo", dice Trinidad, "interpuso, pasado algo más de un año, una demanda exigiendo el pago de los desperfectos producidos en el vehículo y las molestias causadas. Hoy este individuo está en la calle", recuerda Trinidad poco después de acceder a enviar la foto de la bicicleta que conducía Enaitz cuando fue atropellado. Volpini y Mariam Sanders también opinan que "al responsable de esos accidentes no se le castiga con la dureza que se debiera".
Al autor del atropello de Marta Volpini, en 1990, lo detuvo la policía poco después de darse a la fuga, orinando en los paseos subterráneos de la playa de Las Alcaravaneras, y al conductor que arrolló la moto de Philipp, dejando al joven en estado vegetal y ocasionando la muerte de Nikita, que se encontraba en Gran Canaria de vacaciones, "tampoco le ha pasado nada. Por ahí está, en San Bartolomé de Tirajana y tan tranquilo", asegura entre lágrimas y mordiéndose los labios de rabia, mientras gasta todos sus ahorros en acudir cada día en guagua desde Playa del Inglés al Hospital Insular, en la capital grancanaria, para cuidar de su único hijo que, con los ojos abiertos y una delgadez extrema, sobrevive en una cama del centro. "Aunque le vea con los ojos abiertos", dice Mariamentre lágrimas sobre un niño que deseaba ser modelo, "él no se entera ya de nada".
Cuando, para concluir las entrevistas, se les ruega a todos que hagan una reflexión sobre los peligros de la carretera, y, pese a la distancia que les separa a unos de otros, todos coinciden en repetir que "la carretera mata" y que "todo lo que sirva para concienciar, sobre todo a los más jóvenes, es positivo".
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