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BORJA VALCARCE Ante todo son personas. Seres humanos que, como proclamara Karl Marx, se valen de su trabajo para realizarse como individuos, para alcanzar la plenitud de sus facultades y desarrollarse dentro de la sociedad. Hoy en día, no es el patrón quien los aliena y les priva de su condición; hoy lo hace la crisis. Es la juventud knock out canaria.
Su perfil: jóvenes entre los 23 y los 35 años, con estudios universitarios, másteres, idiomas y multitud de cursos que han incrementado sus conocimientos teóricos. Pero, por desgracia, no encuentran un lugar donde desplegar toda la sabiduría que han acumulado durante sus años de maduración. Algunos han trabajado años, otros se han servido de las becas laborales, y muchos aún no cobran el paro porque nunca han accedido a un trabajo.
Según los datos que proporciona el Instituto Canario de Estadística (Istac), en Canarias hay más de 55.000 jóvenes desempleados entre los 20 y los 30 años de edad, lo que supone una cuarta parte del desempleo actual de las Islas.
De todos ellos contamos en este reportaje con el testimonio de tres. Se sentaron, charlaron, intercambiaron experiencias y revelaron cómo ha evolucionado el mundo de la búsqueda de empleo.
Ángel Zubiría se declara el "menos afectado" en comparación a sus compañeras. Vive con su novia, se gana la vida con la vela, su pasión, y logra llegar a fin de mes con "relativa comodidad". Sin embargo, él sabe que las cosas no son tan fáciles, y que una vida pegada al mar no le permitirá ganar lo suficiente como para mantener, más adelante, un tren de vida decente. Por eso, "cada vez que veo alguna oferta de trabajo que me interesa me presento a ella. No tengo demasiada prisa, vivo al día y me lo tomo con calma porque, por ahora, podemos vivir con lo que tenemos".
El caso de Vanesa Moreno es distinto. Tiene 31 años y vive con sus padres, trabajó seis años hasta que llegó la crisis y engrosó la cola del paro: "Con 995 euros al mes [cobra el subsidio laboral] no te puedes independizar y cuando tenías 20 años no te imaginabas que a los 30 vivirías con tus padres".
Vanesa González pasa por la misma situación que su tocaya. Con 30 años de edad ya no sabe qué hacer. Ha agotado su tiempo de prácticas y todas las becas empresariales que le podía dar la universidad. Cursó el CAP, al igual que Moreno, para ver si podía dedicarse a la docencia. No ha sonado la campana. "El hecho de independizarte", pues ella también vive con su familia, "te hace crecer y te permite avanzar a nivel personal".
Detrás de sus rostros, alegres, optimistas y confiados se nota la amargura y la decepción. Hablan de su situación como una persona a la que no le está sucediendo, pero la realidad es bien distinta. En un momento, González exclama indignada: "Has estado toda la vida estudiando para tener un puesto que te permita vivir, crecer y aspirar a una vida mejor y no lo consigues... no lo consigues", repite. Calla pensativa. Sus compañeros la secundan: "Es que ni con un trabajo tienes solvencia", dice Zubiría, y comienzan a desgranar los problemas de la sociedad. "Aspiramos a tener muchas cosas", el consumismo, dicen, "y no tenemos ni eso", comenta González en referencia al trabajo.
Casi escuchas los pensamientos que revolotean por sus mentes: "No es justo, no es justo". Pero los tres le ponen buena cara al mal tiempo. "Hay que seguir para adelante"
INTERNET. El mundo de la búsqueda de empleo se mueve ahora por las redes. Si quieres ser escuchado, al menos con una mínima probabilidad, tienes que enviar tu currículo en formato digital. Los tres reconocen que "sólo en internet te hacen caso".
La gente debe olvidarse de trabajar los documentos para imprimirlos. "Es una pérdida de tiempo y de dinero estar todo el día pateándote las calles, entrando en empresas y lo peor, gastando dinero para hacer copias y copias que acaban en el cubo de la basura. Hoy por hoy no tiene sentido", asegura González.
Ella tiene claro cuál es su día a día. Al levantarse mira diversas páginas web de búsqueda de empleo, y se inscribe en aquellas ofertas que le interesan. Al mediodía vuelve a hacerlo y por la noche lo repite por tercera vez.
La actitud en la búsqueda de trabajo ha variado sensiblemente: "No puedes pretender que te cojan con meter sólo tus datos y el currículo. La búsqueda tiene que ser activa. Nosotros tenemos que inscribirnos en las ofertas porque las empresas no van a buscar a la gente entre todos los candidatos que hay".
Sin embargo ahí no acaba la cosa. Encontrar un empleo se hace tan difícil que la gente ya no tiene un solo currículo. "¡Qué va!", exclaman los tres, "ahora necesitas tener entre tres y cuatro documentos". Ellos han escrito, por ejemplo, el que describe todos sus estudios superiores, sus másteres y sus cursos. "Por si encuentras una oferta de algo que sea para ti", dice Moreno. Pero de igual forma, tienes uno en el que sólo has puesto que acabaste la selectividad u otro en el que cambias tu situación geográfica, por si te quieres apuntar en una oferta de dependiente o de camarero. Nunca se sabe dónde va a aparecer una oportunidad".
Y ése es uno de los problemas que ellos creen que tiene la búsqueda de empleo a través de las redes. Al ser sistemas informáticos, invalidan todas aquellas ofertas en las que un perfil choca con uno de los criterios básicos, como por ejemplo, tener carné o coche de conducir. "Si no lo tienes, tu oferta queda descartada", explica González.
UNIVERSIDAD. El problema, acaban coincidiendo todos después de discutir sobre él, se encuentra en la universidad.
Zubiría, que cuando terminó el colegio hizo un módulo de formación profesional de telecomunicaciones e informática, encontró trabajo como técnico de telefonía nada más terminar, y además muy bien pagado, cobraba 1.800 euros netos.
En su opinión, el camino a seguir comienza con la formación profesional. "Si quieres encontrar trabajo rápidamente hay que empezar por ahí".
Los estudios universitarios, cursados por Moreno y González en un principio, "te lo ponen más difícil". Para Zubiría, que luego cursó la carrera de Sociología, "la formación teórica que recibes con los estudios superiores son la guinda del pastel. Lo haces porque te interesa estudiarlo, pero no porque necesariamente vayas a trabajar en ello".
Ellas ahora son de la misma opinión. "La formación profesional te prepara para trabajar, mientras que la universidad busca personas que luego hagan estudios de posgrado y acaben con una tesis doctoral", explica Moreno. González pensó en comenzar un curso de formación profesional nada más terminar la selectividad, pero las presiones de sus padres la obligaron a elegir la universidad. "En ese momento tampoco eres madura como para elegir y lo que te dicen ellos pesa más que el resto".
Zubiría, que empezó por esta ruta, piensa que la universidad está perdiendo su esencia. "La formación profesional es para trabajar, mientras que la universidad es para cursar estudios teóricos, para investigar algo que te interese. Lo que no puede ser es que ahora la universidad quiera parecerse a la FP y pierda la esencia de la teoría para decantarse por la práctica".
Lo que ninguno de ellos entiende es cómo se ha podido llegar a la actual situación de destrucción del empleo. Las personas viven de su trabajo, se realizan con él, y no quedan lejos las palabras de John Maynard Keynes con motivo de la crisis del capitalismo en 1929: "El Estado debe invertir en el mercado generando empleos, y si hay empleo hay salario, ahorro e inversión, y como es el Estado el que genera el empleo la inversión vuelve al Estado". Y mientras no se invierta en crear puestos de trabajo esta generación seguirá K. O.
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